domingo, 13 de agosto de 2017

HASTA QUE MORIMOS EN LAS VERDADES





Era la fragancia de las enredaderas de la luna,
tu vestido prendido en el fuego de la noche
y los nenúfares del alba esperaban violetas
y nos llovían pétalos rojos desnudando cada segundo,
hasta que morimos en el tiempo.

Cuando después éramos estanque de silencios
y los ojos nos recogían las caricias,
era como no tener nombres en los labios,
como si fuésemos la esencia de un algo inacabado,
hasta que morimos en el tiempo.

Cuando llego la sombra de vestirnos
y las luces renegaban de nosotros,
no quisimos comprender que el tiempo fuese ese instante,
recogidos entre abrazos furtivos, mirándonos,
hasta que morimos en las verdades.


Esteban Pérez Sánchez 13.08.2017


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