martes, 6 de junio de 2017

APARECÍAMOS






Aparecíamos,
vestidos de noche,
entre las rosas encendidas de luna y piel
y nos dábamos la mano
y el rubor de la alameda y el viento de junio,
como eterna primavera.

Aparecíamos,
desnudos de noches,
las flores eran cuerpos de arpa,
las manos del alba y café en cada pétalo
y bailaban los gritos que abrazaban los silencios,
como eterna primavera.

Aparecíamos,
entre las lunas rotas de las soledades,
olvidándonos lunas en el pecho,
en las canciones de los últimos adioses,
y nos dábamos las mano, sin devolvernos nada,
como queriendo ser eternas primaveras.

Esteban Pérez Sánchez  6.06.2017




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