jueves, 25 de mayo de 2017

BAJO LAS SOMBRAS DE UNAS ACACIAS








Un día lees bajo la sombra de unas acacias,
podría haber sido un olmo, unos álamos
o la frescura de un arce real recién regado,
son tan literarias las acacias que me pierdo
y no leo y me evado y todo son lugares extraños.
A ustedes les pasará cuando leen junto a una muchacha
que las páginas son más densas y las palabras
tienen más sentidos de los que el autor propone,
que Eliot es más Góngora, que los parnasianos
se someten a los neorrealismos y que los versos
son epicúreos y saltan de rama en rama,
de pecado en mariposa, de Sabines a Ángel González,
incluso Bécquer aparece vestido de verano,
es más, yo he visto a Cervantes salvando a Alfonsina,
a la generación del veintisiete sin vivir ninguna guerra,
a los de la experiencia sin saber que la vida iba en serio,
a los hijos de los hijos amar como el resto de los hijos.


Todo esto les pasará a ustedes cuando leen
cerca de una muchacha bajo las sombras de unas acacias,
que el tiempo se les llena de preguntas y respuestas
y cuando se dan cuenta sólo queda la sombra,
el tiempo rezagado de historias incompletas,
muchachas que ha marchado a la noche de los tiempos,
que sólo queda Alfonsina paseando junto al mar
y un par de poemas para terminar el libro,
y la luna de la luna en el silencio de todos los silencios
y esto no ocurre debajo de un roble o de una encina,
o de unos aligustres que sueñan ser enredaderas;
sólo pasa bajo la sombra de unas acacias, sólo.


Esteban Pérez Sánchez 25.05.2017


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