lunes, 1 de febrero de 2016

TEXTO Y DANZA

Dentro de unos días comenzaremos los ensayos de una obra donde la danza y la voz serán los máximos exponentes de un espectáculo teatral que en unos meses queremos exponer en Barcelona y otras ciudades de España. 

Voy a ir dejando, en este medio,  parte del texto que voy a utilizar para el montaje de esta obra para compartirlo con ustedes, así como la ilusión porque todo este proyecto llegue al mejor puerto posible.











































Poemario terminado el 31 de agosto de 2016.


Recoges la tarde,
hay palabras por el suelo,
algunos silencios en las telarañas,
un beso en un rincón,
una canción que baila
con la soledad de las cortinas,
el viento en la ventana
habla con un hoja perenne,
bosteza un arce,
nunca se termina de recoger la tarde,

pasa un poco así como la vida.






Regresarás
entre las sombras de la noche,
agua y sal,
piel de todas las historias
y abrirás la luz
y regresarás
a una realidad que nunca existió,
porque nunca fuiste,
porque eres el eco de un aplauso
que nadie dio,
regresarás al vacío
y bailarás
desde unas entrañas que no son tuyas
a otra sonrisa,
a otro viaje,
a otro pasajero
de agua y sal
en la misma playa de la vida.
Regresarás.





El viento en tu espacio,
el nido del movimiento,

el ave se acuesta en la luz

y la sombra es un vuelo infinito.





Raíz
el tiempo en un abrazo
la soledad es el eco de una sonrisa.

Raíz
raíz de arena
el tiempo es sin ti y sin mí.

Raíz
el viento de otoño

somos.








Nos miramos
como queriendo decir
sabemos leer.

Nos  miramos
como queriendo escuchar
todo el futuro.

Nos miramos
como queriendo ser el silencio

del otro.






Será en septiembre
cuando estallen las uvas,

habrá un viento dulce
y miradas de lluvia,

ninguno dirá adiós en la sonrisa,

octubre de soledad.





El viento en la piel
baila tu nombre en mis labios
el tiempo es el equipaje.

El viento en la piel
abraza la música
el alma del misterio.

El viento en la piel
el silencio muere

en cada momento.





Puede que sea una vieja canción,
de esas que te suena la letra,
que poco a poco vas recordando.

Puede que sea una vieja canción,
de esas que no tienen nombres en los labios,
que son un eco de olvido entre más canciones,

puede que sea una vieja canción,

simplemente.





Es como el latir de un corazón
el eco de la tarde

como cuando la noche es
amapolas y luna

como cuando tengo entre las manos
el vacío de todos los colores

es como el latir de un corazón

tu nombre en mis labios





Tal vez fui yo,
no me recuerdo
y la duda no me asalta,
tal vez fui yo el hacedor del olvido
pero no te recuerdo,
ni cuando te desnudabas en la mirada de la noche,

ni en el último beso de la vida.









Como agua, tu rostro,
derramándose,
la sed de la mirada,
el saber que no quiero cerrar los ojos

y seguir bebiéndote.







Como esas tardes
en una gota de lluvia
una canción entre dos silencios,
cuando los besos se agostan,
como esas tardes,
como esta tristeza.


Como esas tardes
buscando la luna entre tu vestido,
mirándonos las noches
y la vida.


Como esas tardes
que el silencio era una sonrisa
y las manos eran poemas no escritos.

 Como esas tardes
que la ciudad existía
en cada grito apagado por un beso.













Remolino
el tiempo en ti
remolino
el tiempo en mí
gira el mundo en la piel
peregrino
el tiempo en nosotros
remolino

peregrino





Una canción
sonaba la soledad de la noche
y el tiempo bailaba con la lluvia.

Una canción
dos miradas y un beso
tres olvidos.

Una canción

con la letra amante
de una mirada.

Una canción
con la música ardiente

de dos adioses.






Me olvidé
el viento entre tu piel,
el desnudarte la vida,
me olvidé
de vestirte,
de quedarme en silencio,
de pintar sólo amaneceres
me olvide,
me olvidé de bailar con el tiempo,
de girar con la soledad,
de hacerme en ti,
me olvidé.







Los viejos álamos bailan,
sus hojas saben al próximo otoño,
un beso de amante se pierde
en la canción del viento

y el tiempo te besa en la frente.

Los viejos álamos bailan,
imaginadas noches sus hojas
mueren en cada mirada,
viven cada vez que cierras los ojos

y el tiempo te besa la frente.







Si en vez de amor dijese
que el tiempo es una herida,
que mueren violetas y silencios
cada vez que juegas en tu playa.

Si en vez de amor dijese
que nunca hubo amor
donde el amor mintiese
y que así fue y será y seguirá siendo,
qué sola queda la arena cuando juegas,

qué sola queda la arena cuando bailas.






Ahora,
ahora que ya sabemos
lo que supe,
el sabor de la verdad,
el adiós de un hola,
el hola de un adiós,
el beso de un baile agradecido,
la sonrisa de un mar de todos,
la área húmeda del deseo

tiene muchas pisadas.







Hilo
hilo de sonrisa
cosiendo el tiempo de la desnudez

Hilo
hilo de piel
cosiendo la vida

Hilo
hilo de sal
cosiendo tu sed

Hilo
hilo de viento
cosiendo tu melena

Hilo
hilo de noche
cosiendo madrugadas








Y lo que no somos
cuando el viento son palabras
y comienza a oler a otoño
y miras las hojas
como si fuesen noches sin paisaje.

Y lo que no somos,
piensas.





Hablabas con cierta tristeza,
pudiera ser que yo escuchase así,
entonces;
te escuchaba con la sonrisa lejana,
pero hablabas
con un tono azul oscuro,
tal vez fue la moda de la noche
o puede que ya no ha modas
y sean sólo argumentos de agua y sal.

Hablabas con cierta tristeza.







Pisa
en la respuesta de un corazón,
gira
en una sonrisa,
da vueltas,
de giraluna,
de girasol
y calla en la caricia de una canción.





Hablábamos del silencio,
de acariciarte la sonrisa,
de la lluvia de mañana
de qué éramos el viento de las pequeñas cosas.

Hablábamos del silencio,
de tu nombre en mis labios
y se besaban los nenúfares con el agua.

Hablábamos del silencio,
de las noches sin nosotros,
de cuando encuentro la luna en tu espalda.







El pasar las hojas
como si fuese otoño
o un poema en la mirada
como si las manos fuesen viento
como si nos estuviésemos esperando 






Si el silencio fuese tu piel
tan lento el tiempo de los dedos,
si el silencio fuese nuestras miradas
o los adioses de la noche,
si fuésemos el cobijo de todos los sueños,
un lugar para olvidarnos,
un lugar para recordar en otros.






Ese recorrer a oscuras
la soledad de la noche,
con esa carga de olvido y de memoria,
ese hacer altos en los sueños
y desear la verdad y la mentira
y seguir el rastro de la nada
abrazando la inercia de los mares.





Escuchaba la canción nuestros abrazos,
un poco desesperanza
y otro poco de adioses compartidos,
el tiempo es el viento que no lleva reloj
y nos despeina
y baila engarzado a los olvidos,
escuchaba la canción nuestros abrazos.










Sin darte cuenta
como viento azul,
sin darme cuenta
como luna roja
y los dos sabiéndolo.

Sin darte cuenta
como piel de agua,
sin darme cuenta
mientras te abrazaba,
la noche fuego
y los dos sabiéndolo,
nadie se quemaba.







Ese cerrar los ojos y oler la sal de tu piel,
tocarte con los dedos,
como si fueses una ola,
nombrarte mujer en todos los olvidos
como sed,
como como agua,
como una única palabra.








Descansabas,
como un disco de vinilo
dando vueltas una mariposa,
tu piel en la piel del tiempo
y los colores del mundo en mis manos,

descansabas,
yo, esperaba más canciones.










Es extraño tener esa complicidad
con lo que ya no está,
el tono comprensible con las cosas rotas,
puede que por eso exista la sonrisa.

Es extraño que la soledad baile
cuando cerramos los ojos
y no besamos.






Rasgaba el viento
las flores de los almendros

el mar en calma
bailaba un bolero

un tejado de arena
entre nuestras miradas


rasgaba la noche
el aguacero de la luna

el mar salvaje
un tango bailaba

eran nuestros poemas
hojas de piel











Es otro tiempo,
el girar la nostalgia,
luna entre la nubes de tu pecho
y mis ojos de lluvia.

Es otro tiempo,
donde bailan los colores

y el silencio de una sonrisa.











Quedo
vistiendo tu desnudez con la mía
y te toco
como si todo hubiese sido olvidado
menos mi locura





Ese cuidarte
cada arruga el vestido,
cada gota de sudor en los labios,
ese mimo de deslavazarte el peinado
entre las manos de tiempo,
ese cuidarte todos los sentidos,
ese no preguntar nunca ninguna respuesta.






Esas miradas que no saben que decir,
que son tropiezos en el aire,
-las puertas de nervios de las llaves-
que son sonrisas y son la vida entera.

Esas miradas que son sombras de noches,
que giran por las inseguridades y sin embargo
te besan las verdades,
si no te da por huir con quien se queda.











Recoges el silencio,
como si fuesen pétalos de nieve
y respiras la fragancia del olvido
y como si toda soledad fuese compartida
esbozas una sonrisa
y un adiós que no se escucha
muere.






La tarde es un nido
entre la yerba y la lluvia
vuelan los gorriones.


La tarde entre tu nombre
tejiendo sobre el tiempo
silencios y miradas.

La tarde entre los tulipanes
y el viento, hablando sobre
nosotros sin nosotros.






De yerba y piel
donde cayó una palabra
una amapola

Cállate silencio
deja escuchar a la lluvia
qué roja es

De agua y sed
el viento en tu mirada
me hace beber








Indelicadamente
la gravidez del tiempo
y la soledad.

Indelicadamente
encender las sombras
de todos tus mundos.

Indelicadamente
tomar de tu sed
en cuerpo a cuerpo.










La conversación era la música
y anotábamos frases en los ojos

Bailaban los deseos
y el viento con la lluvia

La ciudad era un pasajero
que siempre se quedaba

Los abrazos de la sombras
cada adiós con su sonrisa

Tal vez vuelvas amor
aunque no debieras regresar

No volveré a ser yo
en las mismas canciones








No éramos
de la vida las únicas ausencias,
el silencio de un reloj,
una campana en la noche,
un estate cerca por si acaso.

Pero no éramos
la jaula de los pájaros,
ni la locura de la razón
y nunca hubo noches
atados a nuestra certeza.










En torno a qué baila la vida,
entre cartas marcadas por el olvido,
-en realidad nadie olvida-
yo sigo siendo igual que tú con tus sentidos,
uno juega con el juego,
otros juegan con quien juegan.
En torno a qué baila la vida;
yo lo supe antes de mí
y tú ya lo sabías.







Te sientas
y enhebras el tiempo en la mirada
cosiendo lunas y silencios
hasta que la noche es una palabra:
olvido







Baila,
la desnudez nunca fue indelicada,
arráncate la vida y baila.

Baila,
que la noche necesita de olvidos
y de ropa descolocada
y de robos de momentos
y lo que nunca contamos.

Baila,
que ahora no hay ninguna canción
y que la partitura sea
los arañazos en la espalda.








Aún soy un lugar extraño,
a veces me besas
o me miras
y sé que soy un lugar extraño
o me tocas
o me respiras
y sé que soy un lugar extraño.

A veces me amas,
te entregas,
me abrazas,
me cuidas los silencios
y sé que soy un lugar extraño.

A veces hablamos
sobre los gritos de la vida
o bailamos
sobre el tiempo de las miserias
y sé que soy un lugar extraño.

Y mañana
cuando no estemos,
amaré en otro tiempo,
en la piel de una ola,
en un color indiferente
y seré un lugar extraño.









Recuerdo
el viento en tu cuello
y mis labios pronunciándote.

Recuerdo
la tarde callando tu  nombre
mientras caminaba por la ciudad
de tu piel.

Recuerdo
cada herida de mañana
cuando ya no te bese.

Recuerdo
todas tus miradas,
cuando los adioses,
aunque nunca me volví a mirar hacia atrás.










Me recordó la lluvia
la  tarde entre la humedad de tu cabello,
las nubes de tu cuello,
el protegerme en ti.


Me recordó la lluvia
aquella canción hecha latidos
entre cada gota de tiempo
que nunca bailamos.


Me recordó la lluvia
las caricias del amor.
los cristales de la vida empañados.
tu voz baja
entre el rumor de las verdades









El alimento,
la sombra decadente de la vida,
la mirada perdida entre tus sombras,
el viento delicado en tu sonrisa,
ese querer lo que no se quiere nunca
y callar en los propios silencios,
como un vestigio de lo que nunca existió.
Ese es el alimento de la verdad
el alimento.






Ese rumor de tu piel,
de luz de soledades,
de no creer en nada
hasta que te escucho respirar
y la noche hace nido en las ideas.


Esa fuente de sed
en donde bebo,
cuando eres el agua que no busco,
cuando soy lo que no encuentro
enfrente de tus ojos.


Ese rumor de piel,
de sombras de tiempo,
de no creer en nada,
hasta que tengo que regresar
donde ya no hay juegos.








Así y todo cuando lleguen los álamos
a la luz de la noche y el olvido
sea simplemente una noche más
y la luna no bese ya la madrugada
será tarde ya.

Así y todo
miraré tu piel
y celebraremos la madrugada
haciendo equipajes,
entre restos de café y puertas abiertas.








Tal vez era la lluvia el escenario,
las gotas bailaban en tu cuerpo,
el silencio era partitura,
los gritos sentados contemplaban,
a tanta soledad,
tanto vacío.

Tal vez era la noche el escenario
y tú la única función.






¿Recuerdas el mar de otoño?
Esa luz grisazul del atardecer,
el viento danzando con mis silencios,
las olas haciéndose palabras
y la vida una partitura de arena y sal.
Ahora te sientas a escribir,
en otra casi noche que no llega,
buscando amaneceres en cada rostro,
como si no tuviese memoria,
como si ya no fuese yo…

¿Recuerdas el mar de otoño?






Me siento al borde la esperanza,
tú estás enfrente,
como si fuésemos espejos,
el reflejo de silencio,
la luz atávica del desencanto
y tu cabello trenzado en el olvido.

No nos conocemos,
un día besé tu ausencia,
podría ser el mejor beso de amor
pero ahora regreso
y nos estamos mirando.

Esa quietud del tiempo,
mientras nos rompemos,
mientras no nos hacemos preguntas,
mientras nos dejamos en nada.








Es la oscuridad, a veces me lo recuerdas
cuando no te siento
lo que convierte el deseo en sombras de nosotros,
lo que hace que no olvide lo que no tengo.

Es la oscuridad, tu oscuridad
cuando la lluvia danza
lo que me convierte en silencio
y es la piel la que se expresa
mientras huyo con una gota de lluvia.










Mis manos en ti
como el halo de la luna

la rosa de la noche sueña
con un arco iris

y tu nombre en mis labios
no quiere dormir







Juega la distancia con una canción,
entre amores rotos y sonrisas,
un tocado de pelo de melancolía
y una tristeza azul que es casi un gato.

Ama la noche al sueño que se queda
y también ama a quien olvida
y cuando despierta la madrugada
hay una taza de café siempre vacía.

Juega la vida y lo hace con la muerte
como dos amantes se retuercen
y se besan y ríen cada herida
como hacen los niños con la suerte.

Juega el amor y lo hace siempre.






Y si fueses de papel
y el escribir fuego
y si el viento fuese noche
y la noche humo
y si fueses un gorrión
de paso por mi silencio.

Y si fueses de verdad,
herida y sangre,
con un corazón latiendo
entre adioses,
entre la yerba húmeda
de mis manos.





El vuelo de las gaviotas
sobre el nido de las olas,
tu piel el mar
y las aves mis manos
y la noche cerca
y el sueño de tu sonrisa.

El vuelo de la vida
sobre tu sombra,
la calma de todas las guerras en guerra,
y la luz de las palabras
y la sed de los días pasados
en la fuente de mañana.

El vuelo del ahora,
ese paisaje de todo y nada,
como pétalos de viento,
cayendo en tu piel
como nieve de verano.










Se descalzó la arena
una ola era un poema
sobre los pies descalzos.

Se descalzó la noche
la luna sobre tu cuello
paría madrugadas,

Se descalzó la vida
sobre un amor desnudo
de desnudo lo cubría.

Se descalzó el mundo
sobre un jardín de piel
muere una herida.










Danza el tiempo
cada segundo cuenta
otro segundo.

La sombra es un reloj escondido
una vieja herida
que baila.

Danza la vida
en cada espacio de olvido
hay una búsqueda.

El sabor de la locura
prende su llama
en mis cenizas








Tu sombra
confidente del tiempo
y el silencio
como un viento de otoño,
con hojas de nosotros,
sin destino aparente.

Esa frecuencia ambigua del existir
entre tardes sin nosotros,
como palabras sueltas
en el libro de la vida.

Esa estancia solitaria
que guarda el ritmo de las noches,
que espera y espera
de la nada el todo,
como una vieja esperanza muerta,
como un girasol entre la nieve.





Hola golondrina
hay aleteos de fuego en la tarde
y demasiados silencios

Hola golondrina
luego seremos luna y faro
de los mares que  nunca vimos

Hola golondrina
hay arpegios de la noche
y sombras bailando

Hola golondrina
sobre el agua la sed es grito
de todas las fuentes






Una tarde
el silencio es una gaviota

El sol y una nube
juegan a ser nosotros

Las olas sonríen
el mar escribe poemas

Una tarde
una locura

Si fuese el otoño
una hoja al viento

Una amapola blanca
sobre la nieve roja

Si fuese el otoño
el viento de un beso

o una mirada







Vuela noche y no regreses
hasta que el alba sea olvido,
vuela lejos, cerca, lejos,  vete,
hasta que te encuentre nunca,
hasta que nunca te encuentre.

Vuela con el viento y ten cuidado
y ama sobre todo, ama todo lo que sientas
y vuela y no regreses noche
y si regresas dulce a los labios
nido de piel serán las manos.

Vuela noche y no regreses
y baila con las olas una tras otra
que el silencio es una gaviota
que tienen en las alas la vida
y lleva en el pico la muerte.







Solo
entre el agua de tu sed.

Solo
en ese rumor de noches
de agua y luna.

Solo
cuando te aquietas y soy
el presagio de un después.

Solo
Cuando nada espero.


Solo
cuando te sé imprecisa
y todo está cercano
como la ausencia.


Solo
como cuando marcho de ti
o cuando me quedo.






Ves
no ves
y todo tiene sentido.

Ves… no hagas caso
no ves… baila
todo carece de sentido.

¿Y entonces?

No es cuestión de preguntar
ni de hacer
ni de estar
ni de sentir
es algo que no tienen transferencias
ni con la vida ni con la realidad
es como cuando dices que amas
pero  no amas
porque nunca has amado.

Ves… muévete
no ves… muévete
porque todo tiene
y no tiene sentido.







Si me lees y pasas las páginas,
si la luna es una golondrina,
si el viento es un roce de violetas,
puede que la noche seamos nosotros.

Si cada ola es un juego de niños,
si tu ventana abierta es una sonrisa,
si el tiempo llega y es un abrazo,
puede que inventemos otra luna.

Si los acasos son un dame la mano
y las calles son siempre otras ciudades
y hay besos y ojos que se cierran,
puede que la vida no tenga sentido.












Ayer
la voluntad de los momentos,
la belleza  brotando en una idea,
lo incipiente del sentir.

Ayer fue un buen hoy,
giraba el agua,
éramos sombras desordenadas.

Ayer
todo se quebraba en rosas,
nada moría,
nada tenía entonces el valor suficiente.











Somos del silencio sus gritos preferidos,
de mordernos la vida entre sus sombras,
de no esquivar ninguna bala,
de morir siempre que hay un siempre,
somos de lo que fuimos y seremos
de lo que somos aún de las verdades.

Somos del silencio el fuego de la noche,
la pasión de una luna reflejada en el alba,
somos ese sueño distante y lujurioso
que abraza la muerte en cada latido
que el amor deja cuando respiramos
el aire que soplan nuestros labios.

Somos,
simplemente
somos.












De amar la lluvia sobre tu piel,
la tarde del halo de la luna
sobre las rosas de asfalto,
la noche es un jardín eterno
de tiempo sin tiempo.

Eres mujer la ciudad del mar,
hay pétalos de silencio en tu mirada
y olas de olvido,
de amar lo que llega a los sentidos,
los colores de la vida y de la muerte
son paisajes que besan las ausencias
y las verdades.

De amar la lluvia sobre tu piel
y de esperarnos en otros cuerpos,
mientras la vida sigue sin nosotros,
sin que nos importe y sin que nadie lo sepa.








La luz de la tarde espera,
la lluvia dulce del recuerdo
sabe a café y noches de sueños,
sabe a mañana sin ti,
a un ahora con miradas pasajeras.

La luz de tarde espera
que la locura no sea razonable,
que me abraces las verdades,
que nos busquemos entre la uñas
lo que queda de la vida.









Anudaba el viento los sentidos
amor de arena
una violeta en una caracola
y el agua entre la sombra de ceniza

bailaba el tiempo


La noche desataba la libertad
amor de luna
una rosa en el beso de unos labios
y en un amanecer la sed del mundo

bailaba el tiempo








Tan callada la tarde
como eco de nosotros
como el hola de una herida

Tan callada la tarde
como ese abrazo de amor
furtivo

Tan callada la tarde
como la vida que ama
un amor de amantes

Tan callada la tarde
como si la sal fuese ceniza
en el viento de tu piel

Tan callada la tarde
como el agua de tu sed
entre mis labios









Fue el silencio
una noche sin tarde
un beso sin labios

Fue el silencio
un amor de soledades
una rosa en tu pecho
sangrando

Fue el silencio
en la sombra de tus sentidos
el que se quedó

Fue el silencio
el olvido
la única música
el último baile
fue el silencio






Oculta la verdad,
descálzate en el tiempo
y mírame a los ojos
que aún me quedan restos del mar
que aún tengo el oleaje en la piel
que aún sigo siendo yo.

Oculta la verdad en la sonrisa
y besa la música en silencio,
sin que nadie te vea llorar
y que no haya ninguna palabra,
que no exista gesto alguno de fracaso,
que la vida no se entere de la vida.

Oculta la verdad,
Ocúltala.









Arroja al mar el agua que te sobra
y la sombra de la verdad que te desnuda,
deja que el tiempo sea sólo tiempo
y tu piel las palabras de mis manos.

Quédate en la arena de la vida.
descalza de noches y de sueños
y déjate llevar por lo imposible
y ama del amor lo que amor sea.

Y después, si hay un después,
baila con todos mis silencios
y grita que la noche es el eco
de lo que la noche nunca escucha.








Late
como el eco de mañana
en los sentidos de hoy

Late
como el amor que fue
a lo que será

Late
como la sombra dulce
de lo que nunca fuimos

Late
como la sangre herida
que nunca se muestra

Late
como una flor de agua
en la sed de los labios

Late
como la luz del viento
cuando eres silencio











Ven
cuando la noche sea una ventana abierta
y mátame los sueños
y la vida de ayer
con la misma sombra de mis manos
y no huyas luego,
espera a la brisa del alba,
a que duerma,
mientras el mar vuelve a sus olas
y la piel es de arena y sol
para decirme que me amas.





Acuérdate
de la noche de las palabras
y luego ve al silencio
y se nube en una manos.

Acuérdate
de no decir nada al viento
mientras te desnudas en su música
y todo queda en otras miradas.

Acuérdate
de girar entre la sombras la vida
mientras sientes cada gota de lluvia
en tu piel de luna y amapola.

Acuérdate.






Puedo traerte una tarde con olas de mar
quitarte los silencios de la ropa
decirte que también soy silencio
y mentirte

Puedo traerte una soledad de color verde
pintarte una luna cuadrada y roja
contarte que soy una golondrina
y mentirte

puedo cantarte canciones en la piel
ser el eco de las noches que nunca tuvimos
decirte que te amo
y mentirte

Puedo dejarte una carta en blanco
besarte las ganas de besarte
dejar de ser yo en tus vaivenes
y mentirte








En un lienzo de piel
dibuja la música una tarde,
esa elocuencia de la realidad
en el destino de tantos después
y te tomas un respiro
y piensas que eres más que un lienzo de piel,
que eres también música
y pintura
y sueño
y sentidos
y vida.










Esos latidos de la lluvia,
la sombra de tantas soledades,
el morir al final de cada verso,
el volver a inventarnos otra vida.

Te sientas al borde del abismo,
respiras los pasos de la ausencia,
escuchas las pausas de un corazón,
sin escribir su partitura.

Hablas con el viento de esto y de lo otro
y te imaginas un velo de nube
cubriendo la desnudez de lo que no existe
y ríes la locura de la idea
mientras se viste la tristeza.

Esos latidos de la lluvia,
la sombra de tantas soledades,
el morir al final de cada verso,
el volver a inventarnos otra vida,
el volver a recobrar la insensatez.









Es tiempo de viejas historias,
amaneció un poema dormido en una mariposa,
la sombra del miedo bailaba,
la noche huía con alas de fuego,
los niños jugaban.

El mar nunca estuvo en los ojos
y no eran olas las lágrimas,
los niños jugaban
a hacer violetas de luna
y amapolas de nubes.


El mar nunca estuvo en los ojos,
ni yo en tu mirada,
es tiempo de viejas historias,
los niños jugaban.







Era una idea,
una cuestión numérica,
había un algo imprudente
que pudiera ser la realidad
y apostamos por un juego sin final,
un, dos, tres y volar
saltar, con los ojos abiertos de la vida
y dejarse llevar.

Quizás el tiempo no necesite arte
pero ¿Y el otro tiempo?
-el tiempo de la locura-








La llama de la noche
los dedos oscilando en la sal de la vida
-nadie reniega de su sed-

Cuántas veces has amado
silenciando nombres
-es la gloria del fracaso-

La hoja al viento
soñando en que está siendo mirada
-ningún otoño ha existido-

Niña de lluvia
en cada gota de piel tu ausencia
-cae desde una sonrisa-

-Nunca hemos estado-
Somos de aquella libertad
que aún no ha llegado












Porque a veces me encuentras
desalmado,
como un otoño que se quedó en tu pecho
escribiendo sombras de poemas,
pequeños trazos de vida,
segundos de una vida incierta
y respiro,
en cada latido tuyo,
mientras el tiempo  nos divide las ausencias,
porque a veces me encuentras así,
soy.










Un lugar
donde la tarde es casi noche,
donde nadie está,
donde sólo permanece el viento
y las sombras de las torres de marfil,
caídas, entre nuestras inseguridades.

Un lugar
de días sobre el agua
con la heredad del tiempo esperando,
esperándonos,
a que hagamos un movimiento
para atraparnos en su frío,
en sus dolientes sentidos.

Un lugar
donde caen las hojas,
donde el murmullo de la oscuridad
abraza temeroso.












Toca la lluvia que toca
toco que te tocaré
que el tiempo baila que baila
en un baile que no es.

Toca el viento que toca
toco que te tocaré
y quien no baile no baila
en un baile que no es.

Toca que toca que toca
toco que te tocaré
que el mar es un baile de olas
en un baile que no es.









Aquí
el paisaje se detiene
como una cita a la que nadie llegó,
como alguien que nunca espera
a la próxima noche.

Aquí
se detienen los relojes
y el mañana,
sólo la sombra de la magia queda
mientras alguien hace sitio
para guardar los vacíos.

Después
sólo queda un verso en la noche
y alguien que baila por la memoria del tiempo.










De lluvia y noche,
como sombra de plata en el silencio,
duerme un sueño,
la luna es un barco sobre el agua,
danzando
y el viento es un murmullo de palabras
donde tu nombre choca en unos labios,
mientras tanto,
de lluvia y noche,
como sombra de plata en el silencio,
la vida danza,
simplemente.









Duerme la luna
baila la noche la madrugada
y el tiempo es fuego y también agua.

Sobre el silencio
el tiempo pasa con una rosa
y el viento es lluvia.

 Duerme la luna
la sombra es una niña
rompiendo noches.

Sobre la vida
el tiempo pasa con una rosa
el tiempo pasa.













La seda del tiempo,
el perfume del movimiento,
la soledad penetrante,
la sombra de la vida en un hoja,

el grito en el silencio
y tú.

El azul en tu palidez,
la violeta de la noche girando,
la palabra en la piel,
el viento de un beso inesperado,

la luna en la mirada
y tú.







Las alas de una mariposa,
la sombra de la vida,
gira el tiempo en la nostalgia
y danza entre la armonía del color
de la próxima noche.

las alas de una mariposa.
sobrevuelan el propio movimiento,
dulce y salvaje,
amargo y suave,
hasta que todo queda varado
entre el olvido y el recuerdo.









Nos amamos,
era esencial que fuese así,
con las palabras de otros,
con la nuestras,
para que el eco del instante
lo recojan otros
y amen
con las palabras de ellos
y las nuestras.











Como una rosa blanca
entre las manos del tiempo,
la suavidad de la piel,
la noche del momento,
la vida en un instante,
como una rosa blanca
la soledad,
la soledad,
ese viejo papel del mundo,
como una hoja de otoño,
la soledad,
como una rosa blanca.













Oríllate la calma
que el mar no viene,
de aquellos trajes
el viento es una tela.

Desnúdate la vida
queda la noche,
la luna es oleaje
de primavera.

Si bailas cuando besas,
si duermes o no sueñas,
si eres una mariposa
y ya no vuelas.








Dormitas
como un jardín recién regado por la lluvia

Te beso
suave viento de abril en tus labios

Me alejo
como el silencio de tu mirada

De alma soñada la sangre
despierta en la piel

Si amanece una amapola
y todo es eco de olvido

Deja que el tiempo sea la excusa
mientras bailan las soledades









Hace tiempo que muero en los otoños,
que las hojas al viento son poemas,
que en la vida escribo cuando muero,
que todo da igual si no te beso.

Hace tiempo que nada necesito,
que no huyo y me enfrento a mí mismo,
que soy despiadado con los sentidos,
que rompo todo lo que no hago.

Hace tiempo que no veo tu rostro
que las calles están desiertas,
que la lluvia me visita por la noche,
que los sueños son colores imprevistos,
que bailo con la locura en mis silencios.














Hay que volver al camino de lo salvaje,
a la razón del instinto,
a desconfiar del silencio,
a desnudarte.

Hay que regresar a donde nunca estuvimos,
sonreír al de al lado,
llorar la noche en soledad,
bailar con nadie que no seas tú,
dormir los propios sueños,
vivir la fantasía de la realidad.

hay que volver
de donde nadie regresa
y contarlo
aunque a nadie le interese,
aunque nadie exista.








Te dejé mi sombra
y una noche de invierno,
te dejé una palabra en la luna
y un hola dibujado en la ventana,
un roce de piel en el cuello
y todos los mares en tus labios,
te dejé mi sed por la verdad
y el ritmo de la vida en los silencios,
te dejé el vaivén del amor en los ojos,
la música encendida del alma,
un hola en todos tus sentidos
y un adiós en todos tus nunca. 











Sabe el fracaso a vainilla
a viento que huye
a noches dulces ocultos de las realidades
a todos los sueños que nunca soñamos
a todos los pecados que siempre nos prohibieron

Sabe el silencio a ti
a cuando te mueves con el dolor de la sombra
a gritos acallados
a mujer de pan y fuego
a ritmo de vida y muerte
a tiempo que será tiempo entre tus manos
a tiempo que será tiempo en otro tiempo








Al viento del otoño
aquella hoja
en tus ojos

Al viento de la noche
viéndote los sueños
el alba

Al viento del mar
como una gaviota
durmiendo en una ola

 Al viento de tu piel
como una soledad
amándote

Al viento del olvido
como una lágrima
una sonrisa







Desabróchate,
también la vida,
sin embargo
átate al misterio de la libertad
y que nada te suelte.

Gira con el silencio
y ama de verdad,
la pasión no tienen un milímetro de cordura,
ni excusas,
es una golondrina y un dragón.

Gira contigo mismo,
rola como viento rola,
como un girasol de noche en tu piel,
como lo que no eres,
como lo que tendrás que soñar.














Escondías la noche entre las violetas,
entre las sombras de luna pálida
bailabas a escondidas, llorabas, amabas,
escribías silencios en los sentidos,
el eco fugaz de todas las fantasías.

el amanecer dormitaba en los colores rojos,
como una amapola entre el mar,
giraba la vida.

El viento dulce de la muerte era el día siguiente,
nadie duerme cuando se sueña de verdad,
cuando se baila amargamente,
cuando el mar se acerca y es piel y es sal
y todo habita en la locura,
como una amapola en el mar,
giraba la vida.















No sé quién eres
-le digo a mi sombra-

Al atardecer siempre está conmigo,
es como si tuviese miedo de la noche,
el resto del día parece no echarme de menos.

No sé quién eres
-me dice ella a mí-
¿Acaso temes a la noche?
y me gustaría mirarla a los ojos,
o ser silencio,
o escribir sobre ella
todos mis miedos.

No sé quién eres
-le digo a mi sombra-
no sé quién soy
me digo a mí mismo.











Busquemos las gaviotas blancas
cierra los ojos,
nuestras manos serán las aves
y el silencio el mar,
cierra los ojos,
el viento será la música
y la piel el baile,
cierra los ojos,
busquemos las gaviotas blancas
en cada detalle de vida,
cada vez que parpadee una ola,
cada vez que bailes en las soledades,
cada vez que no amanezca

cierra los ojos.






Son
estos tiempos todavía
extraños y hermosos,
con gestos abocados a parir corazones
y olvidos pretenciosos,
ahora sabemos que nada es importante
con esa serenidad que da el no tener certezas.

Y sin embargo lo inédito existe,
tal vez sea la rutina
o la implacable complicidad de quien aguarda,
de quien todo lo apuesta a la distancia,
mientras la soledad baila

con ese hábito infiel que es la vida.










Sólo el fuego consume las verdades
y el viento nos trae y nos lleva
y el agua siempre llega tarde
y calma la sed pero no la quita
y te miro
y eres de fuego
y te ofrezco mi agua
y mi sed
y todo lo que no tengo,
sólo el fuego consume las verdades
porque no hay que conservar nada,
que todo sea nuevo en la mirada,
en los sentidos,
que todo sea como una primera vez,
como una fugaz eternidad,
como un deseo en el deseo,
como una caricia,
tan leve,
tan de fuego.









Tendida la tarde
en la quietud de un corazón,
latiendo el aire de la noche,
besando los labios que olvidas,
siempre fue abril en nuestra mirada,
siempre queda bailar el silencio,
siempre queda decirnos adiós
cuando la madrugada no nos responda,
siempre seremos ese café
que da vueltas en otras manos.








Necesitamos mil noches
y un cuento,
ese dejarnos llevar por la vida
y dar vueltas,
dar vueltas a todo,
como un carrusel sin mañana
y jugar
y besar cada sombra donde se cobija la esperanza,
necesitamos eso,
agitarnos convulsos,
como si estuviésemos vivos

y bailar.








Calla
escucha a la noche,
calla,
cae la lluvia,
son pequeños silencios,
somos nosotros,
calla
escucha a la noche,
cada gota un trozo de piel,
cada mirada un pequeño temblor,
calla
escucha a la noche,
mira como se abrazan los sueños,
como queriendo despertar,
o bailar con las ausencias
quieren ser lluvia también,
calla
mira como huye la madrugada,
con la melancolía.








El viento dibuja
la tormenta de los sentidos
y nunca esconde la excusa de tu movimiento.
Sombra somos entre la luz de su tiempo
las palabras que el silencio busca somos
las palabras que nunca huyen
somos las palabras que se quedan en la mirada
de un viento amor de noche,
de un viento amor de alba,
de un viento de fuego y cautivo
en la verdad de tu cuerpo.











Inventamos el mar
ese día que no tuvimos noche,
que fuimos cuerpos de arena
y fueron olas las serpientes
y manzanas imaginadas las nubes
y tú Eva bailaste entre mi árbol
en mi raíz de hombre,
sabiendo que no había más paraíso
que el recuerdo o el olvido.







La luz estática,
entre gritos acallados
y un rumor de piel,
sabes que eres tiempo en el tiempo,
como un baile de soledades,
como un amor desconocido,
como todas las sombras que temes
y  miras a tus adentros,
a la sonrisa del miedo,
a ser simplemente algo

debajo de esa luz estática.











Giraba el sol
como un ensayo de la vida,
nunca entendimos que la libertad éramos nosotros
y nos ocultamos en una gota de lluvia,
en unos labios,
callados,
como temiendo la esperanza,
como cuando no hay guerras
y el sol giraba
y el tiempo de las palabras marchó,
sólo quedaba leer el recuerdo
y decidimos no tener memoria
y giraba el sol
giraba.









Como lluvia entre tu piel,
azules sin distancias,
como un corazón en la noche que busca
la respuesta de unos labios
y el silencio acallado de tu nombre.
Una niña baila con el tiempo,
baila entre un viento de olvido,
danza el tiempo en el tiempo,
como un eco de nosotros
y cada gota va siendo un corazón
una noche más,
otra búsqueda,
otro encontrarte azul en la mirada,
sin distancias,
como lluvia entre tu piel.

















Son las voces,
son los pies,
es la incipiente música de tu cuerpo,
es lo que callas,
mujer de silencio,
lo que no ocultas en la mirada,
esa rebeldía en forma humana
que se retuerce,
que se estigmatiza
y va quedando escrita en las paredes del viento.
Son las voces,
son los pies,
es esa desgarradora filosofía del movimiento,
es esa noche de cristal
que pocos se atreven a soñar,
son las voces,
son los pies,
es tu camino.










En una gota de lluvia
una violeta
y en tu mirada la primavera,
entre tu cabello la luna
trenzando sueños
y la sombra del amor agonizando
entre abrazos de ceniza
y en los ojos el viento
girando entre tu cintura,
en una gota de lluvia
baila el olvido,
en una gota de lluvia
se mueve el silencio y su sombra,
cierra los ojos
en una gota de lluvia.







Hay una mujer con rostro de silencio,
con la heredad de su espacio
marcando sus ojos,
levemente llega y desgrana todas las miserias,
ni un alma aguarda una razón,
nadie se atreve a dar una respuesta,
todo calla,
como si fuese desnudez y calma de agosto,
como si el amor no existiera,
como si sólo la muerte ganase la batalla.
Hay una mujer con rostro de silencio
y la calma se vuelve viento y temor
y golpea en el tiempo como un cristal roto
y todo se vuelve invierno,
como si nos habitase la locura,
como cuando somos de verdad.











Sientes que la noche llega
y golpea en la puerta,
malditos golpes que cercenan
la vigilia de los sueños,
sientes que llega la noche,
que se consagra en la habitación
los pies de barro de la gloria
para después convertirse en un instante en ceniza,
sientes que la noche llega
y los dedos recorren tu seno
y golpean al son de todos los golpes del mundo,
más no hay gritos
y sientes que la noche llega.










Enloquezco
entre tu palidez vespertina,
en esa piel imaginada de ramas
cubiertas de hojas de arce y amapolas,
en tu jardín de corolas violetas,
en esa fragilidad de la noche,
en ese viento que sostiene los vaivenes
de todas las verdades,
hasta que la luna nos hace sombra de olvidos,
enloquezco














El amor está haciendo de las suyas

la tarde está haciendo el amor
con las nubes incendiadas
 y el humo de la unión está convirtiendo
en rojiza la noche,
sobre la tierra húmeda y áspera,
como nuestra piel,
se tiende sobre la eternidad de nuestras sombras
un aguacero sutil con gotas calientes
y el tiempo  se evapora transgrediendo
todos los silencios inexistentes.











El paisaje y la memoria
y lo común de los olvidos,
pienso en lo vital de la tarde
y recojo las flores de la luna,
a veces me parto en dos
y no digo este beso es mío.

El viento y la noche,
las viejas estancias de la vida,
el dolor de los sueños rotos,
la sonrisa de los posibles mañanas
y una acuarela que danza
en la textura de los silencios.

Tal vez sea eso este momento,
el paisaje y la memoria
abrazándome
y el viento y la noche
arropando todo lo que callo.

















Baila corazón en cada latido,
que giren los pies en la vida,
un dos tres y que venga el viento,
tres dos uno y que seamos uno
y si la  muerte nos pisa
que gire el silencio y el olvido.

Baila corazón en cada latido,
que giren las noches en los sueños,
un dos tres y que venga la suerte,
tres dos uno y que seamos uno,
y si la vida se me para
que gire el recuerdo entre tu vestido.

Baila corazón en cada latido.













Eres
el tiempo que ahora escribo,
la piel de una ciudad enamorada,
la ola que falta por llegar,
la noche de todas las ausencias.

Soy
en tu cabello un arco,
la fragilidad de mis dedos
tensando la piel
por miedo a no morir cuando te rozo,
por miedo a quedar sólo herido.  










Da vueltas la tarde
en ese mundo imaginario de la realidad,
cose el tiempo la herida de la muerte
y el silencio se apaga en una sonrisa
y da vueltas la tarde
gira.

Gira arena entre la sombra de la luna,
espejo de viento y mar,
insosegable, 
gira el tiempo en tu cintura
amor de fuego y agua,
gira.

Gira que la noche está cercana,
que la piel se desvanece amor,
que siempre será tarde y las ausencias
bailan sólo con la soledades
y con las distancias,
gira
que todo comienza y todo termina.




















Te engarzas
a los hilos invisibles de los sentidos,
a un corazón partido en dos,
a una ola de piel
y te preguntas si todo es música.
El eco de las palabras,
ese mañana que nunca nos existió,
la desnudez de todos los misterios
y sobrecoge esconder las respuestas
y bailas
rompiendo todos mis silencios.














Llegarán las flores sin darte cuenta
un ramo de viento cálido
y una mirada y una lágrima como respuesta
y no hará falta secar la cara de las verdades,
un día como queriendo querer el amor
buscaras cobijo entre una soledad
y el tiempo morirá en ese momento.
Y llegarán las flores sin darte cuenta
un ramo de viento frío
y alguien besará tu frente
en ese mundo que es de piel y de música
y una ciudad de alba triste,
con luces de sospecha de vida
vivirá por ti,
simplemente.













Chica sobre los pasos del viento,
como sombra de la vida,
como las hojas del otoño, dibujando sensaciones,
la miel amarga de los años,
la plata de la piel,
los gritos callados de las noches,
El silencio bailando entre nosotros.
Muchacha en la fingida memoria
de azules y grises,
de colores que bailan rotos en la mirada,
entre el frío de un tiempo inesperado,
luna sobre el río varada
entre la inquietud de todo lo que espera.
muchacha de verdad entre verdades.















La calma
sobre un movimiento
sobre una verdad
como una flor brotando en febrero
como un amanecer desmayado entre grises
como un te amo
como un te odio
como un te necesito
y la calma
esa quietud del mundo
sobre una verdad
como una flor brotando

brotando















Allí, donde el viento planea sin excusas,
deberás acudir una noche solitaria,
brotando del vestido incipientes hiladuras
para tejer con ellas un mañana establecido.
Irás donde el amor no engaña en soledades
con la piel injusta y la verdad a medias,
la transparente virtud de un vacío silencioso
y la palabra exangüe de un diccionario
hecho a la medida invariable del deseo
¿Todos los deseos son los mismos acaso?
En esas respuestas interiores que se ocultan
y que hacen de limón el tragar saliva
acudirás a la cita de la inercia,
aunque el invierno apunte al blanco de tu seno
y escondas en el vientre la rosa que florece
con el perfume sediento de todos los secretos,
allí, donde el viento planea sin excusas,
deberás acudir una noche solitaria.














Todas las horas acuden, todas las horas,
con la fatiga eterna de un viejo corazón,
lo hacen mansamente, como una rutina
de un adiós lento y con pausas.
Viejo corazón que nunca accede
a la boca del deseo y de la mentira,
que segundo tras segundo tras los pasos
va al rostro de la sombra de la melancolía,
los ojos de la vida en lo diario,
las manos que dispersan los vacíos
y las rosas con las rosas blancas de los tiempos
inseguros y el triste caminar errante de las palabras.
Todas las horas acuden a todas las horas,
con la fatiga eterna de un viejo corazón,
con un poema de muerte entre la sonrisa.









Porque eres el tiempo perfumado de mi invierno,
ese sabor a mandarinas y silencio,
ese baile maldito para danzar descalzo entre tu nieve,
el alrededor donde entro y salgo sin saberlo.

Porque eres, tal vez, lo que no tengo,
ese sostén de historias que me buscan
para perderme la vida entre sus sombras
mientras tu piel es fuego que me alumbra.

Porque me quemo siempre entre tu agua,
porque bebo de la sed y siempre quiero
no parar de estar sediento y sin camino
para llegar a tu fuente de deseo.














El silencio de una mariposa,
en mi mirada,
eres.

El sentirte verdad
entre el viento de ayer,
el quererte abrazar
en mis sombras de hoy
y contigo bailar
sin pisarte los pies
y después de un después
que suceda un después
y otra vez y otra vez
donde pueda decir
que eres mi soledad
mariposa de ayer
y que dance el amor
si te quiero atrapar
mariposa de amor
sin que digas adiós
y sin verte marchar
te quedas soledad.

Y bailar y bailar
sin pisarte los pies
y que haya un después
y un después de un después
y otra vez y otra vez
un silencio serás
y bailar y bailar.














Calla,
amor de nieve
calla,
se un reflejo de la noche,
un mimo en la cadencia de mis silencios,
un poco de viento entre mis manos,
un beso pálido de olvido,
calla,
amor de nieve
calla,
se ese encuentro de verdades absolutas,
se la mujer tiempo entre mis destino,
la caricia mortal de piel y vida,
el brillo de todos los recuerdos,
calla,
amor de nieve
calla,
deja que el silencio nos invente,
deja que el silencio nos atrape,
deja que el silencio nos olvide.





















Tiene la noche el sabor de tu piel,
la danza de todos los amores,
las respuestas que no quiero saber
y todos los abrazos que me faltan.

Tiene tu cuerpo el oleaje de la vida,
los acantilados del miedo donde chocas,
tú también tienes preguntas y no sabes
como acaban las cosas cuando acaban.

Y la verdad es como una vieja canción
que encuentras en una canción nueva
y tiene el ritmo salvaje y la dulzura
para ser una canción en una vieja verdad

y bailas.

Tiene la vida un desapego de pieles,
pieles con palabras que agonizan
al borde mismo de tus labios,
los mismos que preconizan la vida.















He perdido un poema de amor
entre tus calles,
entre tus calles de sal y de piel,
al irme de un abrazo,
al quedar con las palabras
y he buscado en otros ojos
en otros brazos,
en otros besos
y he leído y escrito en mis verdades
y lo sé,
he perdido un poema de amor,
y se lo cuento a mis noches de otoño
al tiempo de la indiferencia,
a las sonrisas,
a las olas,
a los pies de la gente
cuando me siento en los bordillos de las aceras
a no pensar en nada,

he perdido un poema de amor
lo sé
y el viento baila
lo sé
y la noche será una búsqueda más,
también lo sé.

Tal vez sea lo único que aprendí.





















Dime hoja de qué viento llegas,
pósate en mis manos de soledad,
como un momento de mariposa
y luego ve como un pequeño poema
a sus ojos.

Dime tarde si hoy será la noche,
si mañana no estaré en sus labios,
si su silencio será sólo silencio
y yo un instante con alma de regreso
a ninguna parte.

Dime olvido quién eres.
por qué llegas y besas mi piel,
por qué dices que me amas y te quedas,
si yo nada hice por ti,
si en nada te recuerdo.











De amor
escribo impertinente de amor
y atardece
y la memoria es viento,
sólo viento.
De amor entre las manos
recogiendo mañanas y mañanas,
como hojas de otoño,
como ciudades con tejados sin sueños,
como palabras de  olvido,
como baile amargo de amor,
camina amor, camina,
sobre el frontal de mi pecho desnudo,
donde un corazón roto late
y baila amor,
descosiendo la piel de las verdades,
mostrando la sonrisa y la amargura
mientras sigue atardeciendo
y la noche es un fruto más del invierno
y hay un rumor de olas y de azules
y el amor sabe a furtivo
a acantilado donde la sed de la noche
nunca llega.













Tu piel de chelo
siendo las manos viento,
siendo una excusa el tiempo,
siendo el ahora lo imperfecto del futuro.

Danza escondida
que no es más muerte la vida que la muerte,
que un te quiero nada encierra,
que una caricia es un pesado equipaje,
que la libertad es lo que no expresamos.

Tu piel de sombra
entre mi mundo de mandarinas y lunas rojas,
agitando la esencia de las verdades,
Escuchando el ritmo interno de la noche,
girando en cada sueño la belleza que busco.

Chelo
como viento atado a mi locura.
















Brotaba el baile como un amor joven
con todas las calles del mundo en donde crecer,
llegaba a tener el mundo entre la luna y sus pies.

Pálida sus manos, entre las sombras de otro amores,
bailaban,
como un viento que lo desordena todo,
que necesariamente ama y desordena.

El amor que brota joven
siempre queda en la luz de lo maldito
para que veamos como se mueve su perfume,
como recordamos lo que queda de nosotros
y baila.

Baila el amor joven brotando y brotando
porque nada retiene en su piel,
ni en la nuestra,                                          
porque todo es una baile de olvido, pensamos,
equivocadamente
Y baila el amor joven
y brota sobre la muerte de la vida
y baila.















Sonaba una canción que ya no recuerdo,
el viento hilvanaba otros vientos,
las olas eran niños jugando,
eran niños también los silencios,
y castillos los besos de arena.

Yo nunca regresaba
y la luna era una flor de fuego
y el amor mató lo que ya estaba muerto,
el viento rasgaba otro vientos,
las olas tampoco volvieron.

Sólo quedaron el mar y los niños
y en la arena un castillo de un beso.

Sonaba una canción que ya no recuerdo.
















Rumba que rumba la madrugada
¡Ay! que llueven noches niña
en tu vestido

Si se moja dice que se lo quita
y canto rumbas y toco palmas
que más que rumbas son alegrías
y te hace gracia estando en Gracia

Cayeron noches sobre la rumba
vestidos de madrugadas
los amores olvidan que fueron lluvia
que tocan palmas las alegrías
que rumba que rumba la madrugada
¡Ay! que llueven noches niña
en tu vestido




















Casi de un modo innecesario
las palabras que espero de piel
o la boca que perfuma la noche,
esos labios profundos sin olvidos,
todo así, ambiguo y sin recelos,
todo así porque me falta todo,
el rumor de las flores en el agua,
el jardín de tu cuerpo en plena danza,
los vestidos descansando sobre el suelo,
el alma desnuda de los sueños,
todo oculto en la penumbra de la vida
como amores silenciados en los ojos.
Todo me falta de un modo innecesario,
la piel con la piel de las esperas y el viento,
un viento azul y disconforme
que nos arrebata los días y las noches
y nos deja hojas que quieren ser ramas
y el halo de la luna como espejo de hielo,
hilando los recuerdos, rompiéndonos el alma.
Todo me falta de un modo innecesario






















Un perfum
es como la piel de los instintos
o tu entre les meves tardes solitàries,
un perfume es la noche que resguardas
o una carícia robada als nostres silencis,
es un amante lleno de ternura y violencia,
puede ser el perfume una manos
pintant la pell d'un temps insegur,
el perfume es un poema desde dentro,
és una cosa passatgera i etern,
es como tu piel en mi piel,
és com tot el que callem,
és la lluna en el veler de la nit,
es tu sonrisa cuando llueve y no te veo,
es mi sonrisa cuando me ves y llueve.



















¡Ay! gaviota
que llevas en el pico la muerte
y en las alas la libertad

Si de arena fue el beso
te lo devuelvo al mar
que de agua es la vida y la verdad

¡Ay! paloma
que llevas en el pico la muerte
y en las alas la libertad

Si me vas a querer luego
un luego que es un ahora
cambio el ahora por luego

¡Ay! Gorrión
que llevas en el pico la muerte
y en las alas la libertad

Si no te supe amar
y morí mil veces y seguiré muriendo
al borde de tus labios

¡Ay! Mujer
que llevas en la boca la vida
y en los brazos la libertad



















Gira
lento y sereno el naufragio
gira
el viento zigzaguea y juega
mujer de noche de piel de mar
besan tus labios de sal

Gira
Lento y sereno el naufragio
gira
el tiempo es un remolino inquieto
mujer de noche de piel de mar
déjame una ola para poder nadar

Gira
lento y sereno el naufragio
gira
mujer de madrugada y luna
enséñame tu cara oculta
donde poderte amar

Gira
lento y sereno el naufragio
gira



























Si te pido un beso
y el tiempo se me escapa entre los dedos
y la pausa es eternamente corta
¿Descubriré acaso lo infinito?

Y si son dos besos en vez de uno
¿Llegaré a despertar antes de morir?

Si siento como las paredes se hacen techo
y tu cuerpo es quien ilumina
el suelo frustrado que es mi cuerpo
¿Qué estaré pensando entonces?
seguro que hilando la vida en tu espalda,
pasando el libro de tus costillas,
mojando los dedos con saliva
para poder pasar mejor las hojas.

Si te pido un beso, dos o tres
y mientras tanto te acaricio el pelo
y lo moldeo delicadamente con mi aliento
y olemos a café y a tantas mañanas
y a musgo con escarcha de primavera,
a esas extrañas mezclas de las pieles.

Si luego descanso entre tus senos
escuchando dulcemente tu costado
y si me envuelves en tus alas de nube
y  me evaporas todos los deseos
¿Tendré fuerzas después para pedirte
pedirte después un nuevo beso?












En tantas noches,
en tantos labios te he olvidado
tantas veces.

Ese acostar al viento en tu piel
ese descubrir la vida a golpe de latidos,
ese bailarnos el hambre,
ese girar de la luna cuando amamos.

En tantas noches,
en tantos labios te he olvidado
tantas veces.

Ese hacernos de arena y de agua,
de besar la sal en cada sed,
de ver el mar entre mieses y amapolas,
de buscar tus rosas en los descuidos.

En tantas noches,
en tantos labios te he olvidado,
tantas veces.
Esa inquietud de no saber quiénes somos,
por mucho que nos busquemos entre los dedos,
por tanto fuego en nuestra agua,
por querer ser queriendo en todo

en tantas noches,
en tantos labios te he olvidado
tantas veces.
















De amor entre cuentos infantiles,
de amor en el cristal de tu ventana,
de amor en la ciudad que siempre olvido,
surgen flores extrañamente hermosas
y danza el mar en las manos de un poema.

De amor en la agonía de unas manos,
de amor en la creencia de tus ojos,
de amor entre la fantasía de las pieles,
surgen dibujos que enlazan con la ternura
y danza una vida sobre sobre una ola de viento.

de amor entre paredes y paredes,
de amor entre la boca que silencio,
de amor perdido entre los cuerpos,
surgen abriles con rosas derrotadas
y danza una mujer eterna primavera.

de amor entre todos los segundos,
de amor entre el tiempo que se marcha,
de amor entre el amor que nunca llega,
surge el fuego en el agua de un poema
y danza una mujer eterna en la palabra.













La señora de negro carbón, que huele a vino y a sal, lleva en su mano derecha un haz de mimbre para barrer la solana de la vieja casa del alma.
Y luego, contemplando la piel del horizonte, mientras el sol se esconde entre los límites celestes, ella, la señora de negro carbón que huele a barro y a viento húmedo cogerá ese mimbre  para hacer con la magia de sus dedos de espuma una canastilla para su nieto.
El nieto de la señora de negro carbón que huele a grano olvidado y a tierra de eterno barbecho es un sueño profundo  en una historia olvidada, es el mar al acecho, es la ola que llega detrás de otra ola, es el mar, es el mar y es el viento.
La señora de negro carbón, que huele a otoño y a membrillo y hojarasca sabe bien que sus pasos fueron de hilo en la que tejieron la textura negra de su pasado y sabe que a cada paso fue atrapada en el camino sin retorno de la muerte.
Sin embargo, la señora de negro carbón que huele a leña de encina, a arena húmeda, a miel, a tisana de menta y anís, cuando la luna ejerce el misterio absoluto de su consagración más amplia, coge, agarra sus faldones y salta. Salta la señora de negro carbón.
Y entonces, componiendo las cenizas de su vida, el lodo almibarado del sufrimiento, salta, salta, como sube la señora de negro carbón que huele a harina y castañas asadas, como palpita el crujir de su estela sombría, al chocar los dedos de sus dedos en el aire, castañuelas.
Salta en un vuelo encarnado y suena su corazón a un zapateado loco de aliento grave, como sube la señora de negro carbón por la espiga del silencio, con que gracia se retuerce, con que gracia sufre, con que sonrisa muere.
La señora de negro carbón que se oculta entre un firmamento de ascuas brillantes sabe que la noche abre y cierra un paréntesis.
Sabe la señora de negro carbón que huele a enredadera y tiempo de mayo que a veces nada llega, por eso al atardecer camina por las orillas de todos los mundos, junto a los juncales del río, junto a las olas del mar, para poder respirar la corriente infinita del desencanto, el ritmo de sus pasos entre la vida y la muerte.

De vez en cuando se agacha la señora de negro carbón que huele a pipas de gigantea y almendras tostadas y recoge mimbres para luego sosegar su espera enhebrando una canastilla para su nieto mientras la luna se le hace una vela para sus ojos de heridas sin luz entre sombras.
La señora de negro carbón que huele a zarzal de ortigas y amapolas espera que el viento rojo le ulule en los oídos, que sus dedos chasqueen hasta que la tierra sea su compañía.
Salta la señora de negro carbón, mientras tanto, salta, salta con la luna , salta hasta lo más alto, como la niña que quiso saltar, como la niña que nunca fue.
Salta, salta recordando todas las canciones que nunca la cantaron. Salta, salta hasta ver el mar que  nunca vio y se deja caer en una gota de lluvia por la cara del tiempo, salta  la señora de negro carbón que huele a vida y a muerte y a nosotros. Salta.








¿De dónde vienes padre?
El viento sopla.
Vengo de donde el aire
¡Ay mi paloma!
De trabajar los surcos con estas manos
y que el día no pase que no perdona.

¿Has visto a las cigüeñas?
¡Ay mi pequeña!
He visto tres, mi hermosa, y dos alondras,
han pedido consejo a los olivares
¡Ay! que ya no quedan ni palomares
ni donde protegerse ni a sol ni a sombra.

¿Y no te sientes solo?
Me dice padre
¿Solo puedo sentirme yo en los trigales?
donde mecen los vientos y todo sabe
a sabia mezcla de cielo, tierras y mares.

Puedo sentirme solo yo en estos llanos,
viendo crecer la espiga y la amapola
roja, de sangre roja como los años
que uno tras otro y otro van cosechando
la tierra de la labranza, mi polvo y barro.

Puedo sentirme solo en el aguacero,
puedo sentirme solo yo en estos pagos
suelo de mis entrañas, venas de acero,
campos de mis mayores, de mis abuelos.

¿De no sentirla un día?
¡Ay Dios que hago!

¡Ay, que con este tiempo!
Me dice padre

Y yo le respondo haciendo un guiño,
venga el invierno frío, venga el rocío,
ya llegará el verano, verás que estío,
ya tornarán los vientos del marzo frío
ya llegarán las lluvias, si no han caído,
ya olvidaré las penas, velando al vino.

¿Dónde paseas padre?
¿Por qué camino?

Anda que no hay senderos ya recorridos.
ese de la vereda que va al castillo,
ese de la ladera junto a los trigos,
ese que a va a la vega a donde el río,
ese que va a la plaza donde los niños,
ese de los cipreses, donde el olvido.

¿Estás contento padre?
Dice mi niña

Cómo no voy a estarlo si aquí he amado,
cómo no voy a estarlo si aquí he sufrido,
cómo no estar contento he trabajado
y cúspide de mis retazos tú me has llegado,
si he conjugado el verbo y lo he ungido
del color de la esperanza verde y olivo.


¿De dónde vienes padre?
El viento sopla.
Vengo de donde el aire
¡Ay mi paloma!









El viento ahoga, levemente, de pronto
el viento ahoga, como un niño jugando con la vida,
ahoga como cuando amas todas las distancias en los labios,
labios de mujer silencio, de mujer de agua, de mujer de distancias,
de mujer en los límites de lo infinito
y el viento ahoga y las manos son de fuego
el viento ahoga y se desliza
el viento tiene nombre y lo callamos
el viento abraza y no encadena
el viento amanece y nos deshace
como pétalos de historias que comienzan
a ser flores en el tiempo, a ser nosotros
girando entre heridas, girando entre sonrisas,
girando que gira el viento entre amapolas
girando que gira el viento entre las olas
girando que gira el viento entre el silencio
nuestro silencio























3 comentarios:

ROSA GOMEZ dijo...

Genial exquisito magistral

ROSA GOMEZ dijo...

Genial exquisito magistral

Bibi Ospina dijo...

Espectacular!