sábado, 18 de julio de 2015

El inició de mi próxima novela



No tengo que quedarme dormido. Sé que en este instante no debo quedarme dormido. Lo sé. Pero me pesan los ojos; me pesan tanto los ojos. Sólo he tomado hace un rato agua embotellada... ¿Con algún hipnótico tal vez? El agua estaba fresca, demasiado fría. ¿Qué es lo que siento? Tengo valor, sé que tengo valor, le noto, lo percibo, siento un ánimo extraño que recorre todo mi cuerpo pero también veo como por la habitación hay una bruma densa, una especie de niebla húmeda que se mete por los ojos. Puede que yo sea parte de esa neblina áspera y transparente, como una especie de humo de tiempo dentro de mí; algo que se quema en mi piel. Pero no debo abandonarme al sueño que siento. Tengo que intentar levantarme de este sofá de cuero negro, desconchado y descosido, tengo que trata de llegar hasta el cuarto de baño y allí lavarme con abundante agua fría. Debo hacerlo cuanto antes. No puedo ahora quedarme dormido. Oigo ruido de trenes. Son trenes que no van a mucha velocidad, más bien circulan con paso cansino por los andenes de una estación. Alguno frena y otros arrancan. ¿Yo soy un tren de esos? ¿Estoy llegando a algún lugar o quizá partiendo? Tengo que respirar profundamente... ¿Cuánta cantidad de hipnóticos han puesto en el agua? Conozco los efectos de estas sustancias. Nunca me ha gustado mucho beber agua. Tengo que levantarme de este sofá. Tengo que intentar caminar y llegar hasta el cuarto de baño y lavarme con agua fría. Tengo que despejarme como sea. Tengo que intentarlo. No puedo quedarme ahora dormido. No puedo. No puedo. ¿Por qué tengo algo rojizo entre la piel de mis manos?

Esteban Pérez Sánchez



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