jueves, 13 de noviembre de 2008

Tiempos imprecisos entre sombras

Tiempos imprecisos entre
Sombras







ESTEBAN PÉREZ SÁNCHEZ







1


Estoy solo, sin certidumbre de destino,
un poco alejado de la vida,
con pocas circunstancias, sin pasaje
donde admitir las ambiciones.

Veo pasar los días... frágiles
Mañanas y tardes con reversos de agonía,
tan sólo la noche recita lo imprevisto,
incierta esencia ambigua en la mirada
y un azar de insistencias,
como piel de poemas inacabados.

Alguna vez solicité del amor su compañía...
Sombra soy de huesos y ceniza.

Ayer fui lo que soy ahora,
caminando sin rumbos definidos,
interpretando el vacío de mis manos,
como un fantasma sin futuro
bebiendo un sorbo de este invierno.



























Sabe que le resulta necesario
Aprender a vivir en otra edad,
En otro amor,
En otro tiempo.

Luis García Montero
( Habitaciones separadas)





2



Solitario, apegado a la piel,
me apoyo en un presente herido
y reniego de un viaje alrededor
de huellas que no me convencen
pero que ocupan toda mi decadencia.

No quiero pronunciar la palabra reiterada,
me refugio entre inútiles aceptaciones,
en una casa acostumbrada a mis sombras,
donde siempre hay otros lados desprotegidos
en días que no se terminan con las noches.

Sé que tengo que pretender no ser necesario,
que debo desprotegerme de mí mismo,
que soy de ayer en el hoy de otro mundo,
pero con las mismas soledades,
con las mismas impaciencias.





















A mi hija Claudia Pepa



3



Entonces... resguardado de inviernos
aceptaba escuchar el bullicio entre silencios,
reconociendo la luz con cierta estima,
como algo mil veces recordado
y a la vez opacidad en la memoria.
No era intimidad pero lo era.

Pretérito e impreciso,
como una enfermedad contagiosa el ayer
en los ojos luminosos se asomaba la lujuria.
La decadencia parecía saberlo.

Sobre un fondo de palabras,
el brillo zigzageante de un cielo viscoso,
como vómito dulce,
las manos sostienen un mensaje,
voz envejecida en un entramado bucólico,
como vida sin tiempo.
























4



Un gato se pasea
por los caminos del olvido...
ramalazos de aire seco capitalizando
las llanuras de las pieles.

La cabeza que se esconde detrás de las manos,
gente que se apresura a ser primavera,
saltándose el invierno,
la palidez extremada de enero,
febrero, tal vez,
devuelve la insistencia por ser costumbre,
sólo,
como poemas de lluvia en labios deshojados,
besos tristes entre risas desbordadas.

Un gato se pasea por las evocaciones,
pero nada se detiene,
quimera erótica y repentina,
como única frontera para la memoria.



























5



Recortadas palabras,
casi fragelos de historias inconscientes,
casi otoño reconocido entre voces enfermizas,
aparente y silenciosa mansedumbre,
un poco así como luces mortecinas,
desairando la mirada que busca los vacíos
como un hallazgo del triunfo en mis fracasos.

Así llego un poco a mí o así lo creo,
como eco sin armonía que se oculta
entre las posesiones de mis indiferencias.

Tan pronto amor tan pronto olvido,
más de una dirección en un cruce sin destinos,
como si no quisiese prender en mí la vida.
Recortadas palabras,
al borde de mis abismos desbocados de locura.































A mi hijo Esteban Alejandro









6




No hay armonía en mis deseos.
Recorto mis recapacitaciones,
la casa, tan sólo unas paredes sorprendidas
cuando paseo haciendo sombras luminarias,
la piel no amansa la certeza enferma y sigilosa,
todo cambia entre mis desórdenes,
incluso los ojos, con los que miro descarado
como si fuese un alarde de locura.

Me veo llegar... me desconozco.
Ha tiempo que no quiero saber nada de mí mismo,
sin embargo sé que hay posesiones hermosas
que esperan cobijadas entre mis circunstancias
pero también sé que ahora no es el momento
para deshacerme sólo en mis instintos.

Febrero, ojos de tinta, dos mil seis.
Hoy es ayer, pero es febrero el que agoniza
entre historias coloniales, imprevistas.
Mi España es una España triste que sonríe
con la boca desgastada por tantas dentelladas
de pasados épicos que aun no han cicatrizado.









Pero observo y nada es necesario,
ni poemas que conmuevan, ni palabras
que arremetan contra el orden de algunos sentidos,
tal vez sin saberlo aun somos hijos de la ira
o todavía sea tiempo de pedir por la palabra.

La ciudad es vulgar. Todas las ciudades lo son.
Yo mismo soy vulgar y decadente,
asumo mis nostalgias y mis soledades,
las viejas heridas que se entremezclan con mis sombras.
Puedo regresar, pero de donde...
Dormir en la costumbre y despertar entre desaires...
Todos diferentes... tan bien uniformados.

Copio la sed de mis desganas,
como un ambiguo principio sin finales.




































Envejecer tiene su gracia.
Es igual que de joven
aprender a bailar, plegarse a un mismo ritmo
más insistente que nuestra experiencia.
Y procura también cierto instintivo
placer curioso,
una segunda naturaleza.

( Antes de ser maduro)
Jaime Gil de Biedma




7



Sorprendo la noche en un poema,
no hago preguntas, ni busco respuestas,
demasiado conozco ya mi rostro y no hace falta
intentar cobijar todos mis deseos.

Pero la noche subyuga mis temores
y cierro los ojos y escribo con pausas, lentamente,
reconociendo la intimidad como una costumbre
que siempre suele llegar bastante tarde.

Ahora es el momento, me digo,
para reanudar los temores fugitivos,
apropiarme del sentido de la noche,
dormitar leve entre nombres que silencio,
nombres que tienen formas y caras desfiguradas,
como un delirio cautivo de mis propias tentaciones.

Sorprendo la noche en un poema,
pero me faltan versos para sujetar mi agonía.













8



Bajo a la calle
un poco a contrapunto con la vida
y en el gesto una condición de historias definidas,
calladas palabras que agotan mi insistencia.

En mí, en ti, en nosotros,
la sensación de encuentros inmediatos,
el reconocer que todo es una farsa
en una ciudad que sujeta la llama que incendia
todos nuestros fracasos.
Es el deseo desnudo de lo que hoy es la penumbra
de razones que no aferran la animadversión
de la amistad.

Nada cambia en la calle el rumbo que cautivo.
Todo son distancias a la medida de mis distancias.

Testigo soy de mis propios instintos.
Beso la gélida humedad de la niebla
y luego me pierdo entre mí mismo.






















Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que he tenido.

Pedro Salinas
( La memoria de las manos)



9


Dejo la piel junto al regalo del tiempo
espuma con colores sin matices.

Del ayer que llega sin distancias imposibles,
aceras encharcadas del invierno,
la mirada como una dirección única.
Llevo un libro de Ángel González en el bolsillo
de un abrigo que se presta ahora que es febrero,
a veces es otro, alguien más extraño,
del que busco, entre sus palabras, noticias sobre mis interioridades
y al final nunca pregunto si he estado acertado.

El invierno tiene colores rosáceos entre grises,
como un incendio de amaneceres imprecisos.

Neutras abstracciones me dispersan del arte,
como promesas de gente después de un encuentro
en que la palabra es un vacío en los sentidos
y sólo queda un eco simbólico de anécdota.

Dejo la piel junto al regalo del tiempo.
Después camino con todas mis ausencias,
con palabras recortadas en silencios imperfectos.

















Huye de mí, memoria,
¿por qué me atormentas
en este instante feliz
en que reconcilio
conmigo mismo?

José luís Bartolomé García
( Memoria y olvido)



10


Me cobijo en una bar, humo y ceniza,
aroma de café y estigmas en el suelo,
acaso huellas de desesperanza.
Impertinente miro lo que nunca sucede,
como si fuese una moda pasajera.
Acaso olvidos transparentes.
Camareros que sirven a una clientela
que no participa de mis devaneos.

Los ventanales transmiten gente, coches,
las casas que se enfrentan a mis ojos,
como si quisieran entrar en mis salidas;
sonrío entre nostalgias y doy un trago
de una vida que, a veces, bebo entera,
mientras desisto de un mundo de plástico.

Pago la cuenta y cojo el equipaje de mis sueños,
o eso creo.
Quiero marchar, cruzar el tiempo,
apoyarme en una esquina y ver gente,
viajeros como yo sin compromisos.
















11



Me meto dentro de una canción cualquiera,
como queriendo sentir el afecto de su ritmo,
acepto el trato de una letra indiferente
pero me dejo llevar por mi propia decadencia

Abro y cierro los ojos creando luces,
engañando al brillo imperfecto de mis sombras,
bailo como costumbre de animal de calle,
entre la compañía de una casa donde oculto
ambiguas soledades y lenguajes extraños
y también entre todos mis fantasmas.

Siento que quiero gritar pero silencio
el monocorde intento que estanco en los sentidos.
Tal vez mañana, cuando envejezca,
puede que sea peor gritar que una mirada.






























12



Me pongo a esperar.
Como si el tiempo fuese una respuesta inmediata,
la mañana resplandece bajo un hálito de luna blanca,
llegan grises, impertinentes, con lluvia de amenaza.
Busco refugio entre las penumbras de la casa.

Hay roces de amores sigilosos,
con recelo cruzo la piel y su argumento,
nada difiere de tiempos ya pasados,
sólo la locura se haya en mis espacios.

Miro de frente la agónica insistencia,
pero luego tengo que saber entre silencios
descifrar el por qué de tantas soledades.

Todo acaba y comienza de continuo,
lo que perdiste y lo que no ganaste.
Da cierto tranquilidad el sabor del vencido,
una cierta calma arremetida de tristeza,
a pesar de que la sonrisa se me escapa.


























Has temblado sin remedio
lo que yacía en el negro catafalco
era tu querida patria.

Vitezslav Nezval
( De Catafalco campesino)



13



Son horas plegadas entre instantes inseguros.
Silencio y palabras y tiempo.

Me atrevo a interrogar mis sensaciones
en un clima ambiguo de respuestas,
parece que todo está en convalecencia,
entre las heridas de los versos,
Brillos grises que retoman los momentos
en que uno duda de sí mismo.

Los instintos carecen de equipajes.

Tal vez debiera no acudir a los sentidos
Desde la decrepitud de febrero entre la lluvia
Mientras, piel con piel, invento claridades
Como un antojo por ver algunas fantasías.

Y el poeta está solo e impreciso,
Como una fotografía sin paisajes.


















A Eva María Conde González



14



Buscaba la llave del mal,
como cuando alguien busca rostros conocidos
y luego rasgar la vida entre impaciencias.

El viento azota los cristales de la casa,
enciendo la luz como brasas definidas
que queman todas las miradas,
el agua del cuerpo se atormenta
y el silencio es como un supuesto sol
encima de todas mis cobardías.

De pronto me imagino navegando
por el mar de un cuerpo femenino,
inquieto y sin reposo en un oleaje
de versos desconchados en las paredes
que sobrevienen a los ojos como cantiles.

Preveo un desastre y el desasosiego
de tener que navegar a contracorriente
de un destino que recorre mis desesperanzas.






















15



Quizá necesite más de mil noches para conocerte,
mil noches para celebrar tu rostro,
mil desvelos de sueños entre ojos encontrados.

Puede que nunca llegue a saber tu nombre,
ni que tu piel se suspenda en los sentidos,
tal vez después... cuando abandone
el espacio reservado a los deseos.

Quizá necesite más de mil noches para olvidarte
y olvidarme entre mis inquietudes... inseguro.

Tal vez tenga que retrasar los relojes de la casa,
que las sombras ocupen sus verdaderos entornos.
tengo todo el tiempo... Tu tiempo...
para dividir instantes en que todo y nada se decide.






























16



Buenos días tristeza. Buenos días.
Creo que hoy estamos a domingo.
La mirada me confirma que hay nieve en los tejados,
creo que algo me he perdido en esta noche,
sumergido en lo profundo de los sueños,
buenos días, reitero en insistencias,
como creyendo que hoy no existo.
Las vacías calles encharcadas, emergentes
de un sol tibio que deshace el manto blanco
y los coches son absurdos monigotes
con los que nadie juega.
Buenos días tristeza. Buenos días.
Me encuentro entre ambiguas reflexiones,
creo que hoy estamos a domingo,
hay un cierto ámbito de reposo
aunque no me deja la paz en las palabras
que se precipitan como esencia blanca confirmando
que todo es un regreso de continuo.




























Desperté y ahora quiero
Encontrar la escalera
Para subir sin alas
Poco a poco a mi muerte.

Manuel Altolaguirre
( Para alcanzar la luz)



17



Casa entre penumbras... perdona que no vaya
a buscar las interrogantes de tus ojos,
quizá luego, más tarde, cuando se solivianten mis sentidos,
ahora estoy acuciado de temores,
oculto entre mis inseguridades,
con algunas impaciencias silenciosas,
intentando encontrar en mis ojos respuestas inmediatas,
observando la atmósfera gris y macilenta.

El viento azota los cristales,
como una inquietud de mis distancias.
Es algo reiterado... ayer estuve así.

Láminas de tiempos imprecisos,
miradas y silencios encontrados
mientras todo se deshace entre mis manos.























Sin sitio, sin lugar, con una espina
clavada en el tobillo izquierdo de mi alma,
sin sitio y sin lugar. Dónde buscar
lo alejado ya dicho en libros y evangelios.

Modesto Izquierdo Barrios
( De Rosario)






18




Despierto... como en un poema inacabado,
con palabras escritas, tal vez, en otros tiempos,
pero no son versos exactos,
son, como una especie de bruma en la mirada.
Ahora sé que es febrero de dos mil seis,
preparo los lienzos para esbozar prófugos sentidos,
algunos alardes imprecisos de una incierta psicología
mientras escucho, como fondo, noticias de la radio...
descanso entre mis sombras,
como una ley absurda me llegas de pronto
y te imagino con un rostro inconcreto,
el tiempo pasa y quiebra las imágenes,
yo, a veces, me busco en los espejos.
Te creo en otra ciudad, en otras falsedades,
con tu perfume limpio, demasiado escrupuloso quizá,
como una realidad que arde sin darnos cuenta
que todas las distancias son las mismas.












Te amé, no te amé. Tal vez aun te amo,
me tomo el destino como una catástrofe en la que nunca muero,
siempre retorno al mundo de los vivos.

El juicio de tu edad entre mi tiempo,
todo inventado en tantos siglos...
pero siempre hay poemas nuevos. No los míos.
Son modas que se visten de paisajes inmediatos,
los leí en tu piel.
Ahora, me apoyo en mis sombras
y sé que no deseo imaginarte como una fantasía pretenciosa.

Fuimos, simplemente, un quizá en un camino
diferente para ambos.
Pero siempre queda una brasa encendida...
el que más ama es el que siempre se queda solo.



































Aristas duras, sin piedad
el día nos invade, atrás quedó
la sombra grata y apacible.

Carlos Elío
( De Despertar)





19



Puede que sepas,
como sombras de un tiempo,
que he sido la extinción de los sentidos,
contumaces y profundos,
sombras de insistencias en mi yo indiferente,
donde estaba escabullido, al margen de tu vida,
incluso, creo, que también, al margen de la mía.

Y aunque pueda que sepas,
que yo permanecía en tus tiempos impacientes,
sin responder a ninguna expectativa,
estábamos atrapados en nuestra propia codicia.

Yo, confabulaba entre intermitentes cigarrillos
El cómo acercarme entre gastadas distancias,
igual era un proyecto de renuncia,
una elección ambigua, tal vez imprudente
o estaba desaprendiendo en mis sentidos
un poco entre la verdad, un poco entre la mentira.

Y así... descuidado entre lo incierto
de un algo inventado,
haciendo memoria y doblegando
cualquier intención de acercamiento,
te pensaba,









mientras me llevaba instantes a los labios,
insaciable sed,
abandonado a la lectura de las miradas,
cobijado entre mi cobardía,
dejándome marchar entre luces de sueños
donde quedaba inerte,
como quien espera que en algún momento
pueda existir la sorpresa de un amanecer en los instintos.










































Qué es el alma: leer
en un libro de viajes algo sobre una tierra
a la que nunca irás.

Yehuda Amijai
( Un idioma, un paisaje)



20



A veces la vida es como un informe
de sombras agrupadas entre historias personales,
pero no busco explicaciones de un mundo
que creo que no me pertenece.

Estoy, en una ciudad desesperada,
con luces ambiguas de un invierno inacabado,
como un fantasma paseo por sus calles,
todas son sinónimas de mis flaquezas.

Las ventanas de las casas vomitan ráfagas
de olores cotidianos en los mediodías,
todo se impregna en los espacios concebidos
para que los murmullos nunca lleguen
a ser voces que se alzan.
La vida no entiende de patrias.
Tal vez, la única patria que tenemos es el cuerpo.
A veces la vida es como un informe
en el que hay que pasar de puntillas, por sí acaso.




















21




Hace frío,
es un frío suave, sedoso,
como casi un despertar de primavera.
Me encuentro con aceras impertinentes,
vacío de miradas definidas,
en un paisaje donde todo da lo mismo.

Todo es un vaivén de historias personales,
bajo el desdén de una luz intransigente,
el brillo que acuna la locura incierta
que persigue a quien anda tras de ella.

Pero hace frío,
y es un frío suave, sedoso,
como un murmullo de tiempo sin sentido.




























22




Viajo, pero es todo impredecible.
qué camino tomaré dentro de poco,
cualquier carretera, otros paisajes,
algún sendero secundario,
multitud de encinas bajo el sol de invierno,
tejidas como un tumulto empalagoso.

Tengo que decidir entre mí y yo.
Solemne decisión.
El espejo retrovisor indica que no hay nada
detrás... ni tan siquiera un auge de esperanza.

Freno, paro, bajo... camino...
dejo que el viento frío golpee mi rostro,
el tiempo es impreciso... como yo...
entra y sale como latidos de un corazón de febrero.

Viajo... sí... pero todo es impredecible.





























23




Poemas envejecidos por el tiempo,
sangran en este preciso instante.
Canciones escuchadas en tardes suculentas,
cercanas a la piel transparente de la dicha.

Ahora, como ave pasajera, solitario,
me estremezco entre los brillos del olvido,
la mirada es un enemigo extraño
cuando se posa con recelo en los sentidos.

Poemas y yo entre hálitos de historias,
tratando de salvar todo lo que se paraliza.































Pero tú esperabas siempre a alguien,
dejabas siempre a alguien,
hasta que te encontraste a ti mismo, y ya no estás en ningún sitio.

Vladimír Holan
( De El niño)




24




Las voces que sueñas en mitad de los sueños,
como un eco que late entre mis inseguridades,
abro los ojos con un poco de cautela,
insomne me deslizo a través de mí mismo.

Enciendo la luz cegando la noche,
doy un trago de agua y observo, simplemente,
el obcecado silencio que impone la cordura.

Pero hay un dolor al otro lado de la cama,
una intimidad que desluce la ansiedad
entre respiraciones confusas.

No hay voces, pero existo en este instante
en que hay que tomar posiciones en los deseos.

Respiro...
Casi como un único acontecimiento.
Inútil reservar los instintos.
Me levanto,
Como una herida frágil entre miedos y mentiras.














Doy un leve paseo por la casa,
meciendo el sabor seco de los sentidos,
las estancias frías estremecen,
siento que soy náufrago de la noche.

Después, todo son intentos inconcretos,
marcadas distancias entre soledad y vida.

Me vuelvo a acostar.
El tiempo ha repartido sus cartas para el juego,
pero duermo desnudo, sin ases en las mangas.







































Detén el verso y cambia de planes,
hay dioses parapetados, por todas partes,
listos para matarte.

Pongamos fecha en esta vida,
a los momentos que puntualmente
y deliciosamente, nos consumen.

Teófilo Gago Gago
( De Días de caza. Días de muerte)






25



las sombras besan.
Lo sé perfectamente.
Asomo una marcada sonrisa mientras lo escribo,
como un adorno estúpido,
lujosos besos apagados.
Respiro de forma contrariada,
como buscando ritmo en mis espacios,
como midiendo las palabras,
entre recodos luminosos donde brotan
historias imposibles.

Las sombras besan,
como traiciones de instintos en preguntas sin respuestas.

















26



Contrariadas intenciones.
No busco el origen de la juventud,
la amistad es y fue un desencuentro esperado,
pero en qué pensábamos entonces
y qué es lo que pensamos ahora.

La juventud siempre es incierta,
como una muestra de herida,
lo noto cuando me topo con viejas amistades,
quizá un qué tal... que tiempos aquellos...
pero hay una culpa yerta en la mirada
cuando uno se despide como una estupidez soñada.

Contrariadas intenciones.
Si la juventud fue una herida,
hay motivos suficientes para soñar la muerte.






























... y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil.

Ángel González
( De Todos ustedes parecen felices)






27



Como arrebato de febrero,
veo crecer los brotes de hojas,
álamos de ciudad,
ramas quebrando el horizonte de invierno,
también crece el amor entre conversaciones,
tal vez por eso callo.

El silencio de la casa no estorba,
yo, sí.

Las noches húmedas y gélidas,
la luz del sol, un sol que no aguanto,
que me hace huir continuamente
a eternos cobijos de penumbras,
escondites de crudeza,
donde trago salivas y temores,
como si sólo existiese por el odio que me guarda.











Así... sin omitir mis ansiedades,
espero...
entre el frío de historias enajenadas
el brillo transparente de todos mis sentidos,
sin creer en nada, ni en mí mismo,
desfondando la vida entre inciertas fantasías.

La ciudad está afuera,
como una exégesis enfrentada a mis sombras,
como una absurda sentencia.
Calles y plazas diseminando otras sombras,
conjugando palabras entre paseos y miradas.

Y sin creer en nada... ni en mí mismo.

Seguirán creciendo brotes de hojas,
pero extraño y silencioso,
no busco la voluntad del tiempo en otros tiempos.
































Al escribir,
se hace grande
lo que contado resulta prosaico,
y el simple esfuerzo del papel en blanco
nos provoca
el bienestar de haber entregado
aquello que teníamos que dar.

( De Maena García Estrada)





28



Retorno,
volcado en mis desnudeces,
sin descansar ni un instante,
se dispersa el rumor de voces suspendidas,
abierta tarde espesa en la mirada,
se fuga el crepúsculo entre magias transparentes,
delimitadas formas sin paisajes concretos.
Retorno,
volcado en mis desnudeces,
mirando hacia atrás como un rito de despedida.

El cuerpo es como una fachada más
de una ciudad con brillos de penumbras.

Llego a sitio alguno,
todos los lugares son los mismos
cuando se está vacío y ambulante,
comparto la soledad sinónima de otros,
mendigos de la noche,
como yo, retornando al júbilo de mis sombras.












En silencio descienden los símbolos
de historias decadentes,
voces entre extrañas siluetas,
voces entre demasiado costumbrismo.

Y decadente en mis emociones,
me dejo llevar por el atardecer de febrero,
como un vendedor de inseguridades.
Sé que la gente me mira como buscando
su propia luz en mí... los matices de sus rabias
y por qué no, todos sus fantasmas,
mientras la noche se estampa en la rutina.






































29




He sostenido mi tiempo sin dioses,
ni diablos en mis nieblas de sentidos
en esta España inundada de irrealismo.

Como un estilista desapasionado,
como un bebedor de sueños absolutos.

Cualquier destino puede ser bueno,
pienso...
así me va... así nos va, querido amigo.



































Una flor
dice:
quiéreme
como a ti mismo;

yo
perfumo el aire

no me arranques
soy un regalo para todos.

José Manuel Cuaresma
( De Cuaderno de cantares de barrio y Antipoemas)







30



Hay momentos en que sé que los sentidos
chocan con estrépito con los sueños,
dejo los deseos al margen,
mientras la lluvia emerge entre los grises de febrero.

El invierno toma un rumbo indeseable,
un itinerario inútil de sombras que se suceden
entre los brillos macilentos de las luces
y los muros derruidos de mis ojos,
el invierno asoma sus virtudes
sobre una vida que se borra.















La noche interrumpe el pensamiento,
como un eco insistente, reiterado,
torbellinos de silencios enajenados,
instintos que se juntan desprovistos
de cualquier tipo de circunstancias

Igual esta noche es un náufrago de nostalgias.

Cuando amanece es España quien despierta,
la piel despereza un presente reiterado,
un ayer sin hoy...
un todavía sin un cuando...

Febrero es una herida en la mirada.

Hay momentos en que sé que todo está vacío,
entre frágiles intentos de cordura,
desde mis propias ansiedades.

Febrero desaparece en los ojos.

No puedo evitar lo que no sé,
Pero sí lo que nunca he sabido.

Soy de la ausencia el único cautivo,
Ahora que febrero roza todos mis desafíos.
























31



Silencio,
sobre los contornos de la casa.

Las paredes con humedades estancadas,
como hiedras suspendidas en un tiempo sin nombres,
ambiguas imperfecciones en las palabras
que sacan los lenguajes verdaderos,
tal vez, todo sea imaginado,
una poética absurda...
deshojándose.

Tal vez... acaso sea eso...
un cauce de voluntades arrepentidas,
rostros sin formas definidas
buscando el encuentro perseguido
entre historias prendidas en los olvidos.

Quizá no haya versos
ni poemas que contribuyan al desastre
de uno mismo.








































































Tiempos imprecisos entre
Sombras







ESTEBAN PÉREZ SÁNCHEZ







1


Estoy solo, sin certidumbre de destino,
un poco alejado de la vida,
con pocas circunstancias, sin pasaje
donde admitir las ambiciones.

Veo pasar los días... frágiles
Mañanas y tardes con reversos de agonía,
tan sólo la noche recita lo imprevisto,
incierta esencia ambigua en la mirada
y un azar de insistencias,
como piel de poemas inacabados.

Alguna vez solicité del amor su compañía...
Sombra soy de huesos y ceniza.

Ayer fui lo que soy ahora,
caminando sin rumbos definidos,
interpretando el vacío de mis manos,
como un fantasma sin futuro
bebiendo un sorbo de este invierno.



























Sabe que le resulta necesario
Aprender a vivir en otra edad,
En otro amor,
En otro tiempo.

Luis García Montero
( Habitaciones separadas)





2



Solitario, apegado a la piel,
me apoyo en un presente herido
y reniego de un viaje alrededor
de huellas que no me convencen
pero que ocupan toda mi decadencia.

No quiero pronunciar la palabra reiterada,
me refugio entre inútiles aceptaciones,
en una casa acostumbrada a mis sombras,
donde siempre hay otros lados desprotegidos
en días que no se terminan con las noches.

Sé que tengo que pretender no ser necesario,
que debo desprotegerme de mí mismo,
que soy de ayer en el hoy de otro mundo,
pero con las mismas soledades,
con las mismas impaciencias.





















A mi hija Claudia Pepa



3



Entonces... resguardado de inviernos
aceptaba escuchar el bullicio entre silencios,
reconociendo la luz con cierta estima,
como algo mil veces recordado
y a la vez opacidad en la memoria.
No era intimidad pero lo era.

Pretérito e impreciso,
como una enfermedad contagiosa el ayer
en los ojos luminosos se asomaba la lujuria.
La decadencia parecía saberlo.

Sobre un fondo de palabras,
el brillo zigzageante de un cielo viscoso,
como vómito dulce,
las manos sostienen un mensaje,
voz envejecida en un entramado bucólico,
como vida sin tiempo.
























4



Un gato se pasea
por los caminos del olvido...
ramalazos de aire seco capitalizando
las llanuras de las pieles.

La cabeza que se esconde detrás de las manos,
gente que se apresura a ser primavera,
saltándose el invierno,
la palidez extremada de enero,
febrero, tal vez,
devuelve la insistencia por ser costumbre,
sólo,
como poemas de lluvia en labios deshojados,
besos tristes entre risas desbordadas.

Un gato se pasea por las evocaciones,
pero nada se detiene,
quimera erótica y repentina,
como única frontera para la memoria.



























5



Recortadas palabras,
casi fragelos de historias inconscientes,
casi otoño reconocido entre voces enfermizas,
aparente y silenciosa mansedumbre,
un poco así como luces mortecinas,
desairando la mirada que busca los vacíos
como un hallazgo del triunfo en mis fracasos.

Así llego un poco a mí o así lo creo,
como eco sin armonía que se oculta
entre las posesiones de mis indiferencias.

Tan pronto amor tan pronto olvido,
más de una dirección en un cruce sin destinos,
como si no quisiese prender en mí la vida.
Recortadas palabras,
al borde de mis abismos desbocados de locura.































A mi hijo Esteban Alejandro









6




No hay armonía en mis deseos.
Recorto mis recapacitaciones,
la casa, tan sólo unas paredes sorprendidas
cuando paseo haciendo sombras luminarias,
la piel no amansa la certeza enferma y sigilosa,
todo cambia entre mis desórdenes,
incluso los ojos, con los que miro descarado
como si fuese un alarde de locura.

Me veo llegar... me desconozco.
Ha tiempo que no quiero saber nada de mí mismo,
sin embargo sé que hay posesiones hermosas
que esperan cobijadas entre mis circunstancias
pero también sé que ahora no es el momento
para deshacerme sólo en mis instintos.

Febrero, ojos de tinta, dos mil seis.
Hoy es ayer, pero es febrero el que agoniza
entre historias coloniales, imprevistas.
Mi España es una España triste que sonríe
con la boca desgastada por tantas dentelladas
de pasados épicos que aun no han cicatrizado.









Pero observo y nada es necesario,
ni poemas que conmuevan, ni palabras
que arremetan contra el orden de algunos sentidos,
tal vez sin saberlo aun somos hijos de la ira
o todavía sea tiempo de pedir por la palabra.

La ciudad es vulgar. Todas las ciudades lo son.
Yo mismo soy vulgar y decadente,
asumo mis nostalgias y mis soledades,
las viejas heridas que se entremezclan con mis sombras.
Puedo regresar, pero de donde...
Dormir en la costumbre y despertar entre desaires...
Todos diferentes... tan bien uniformados.

Copio la sed de mis desganas,
como un ambiguo principio sin finales.




































Envejecer tiene su gracia.
Es igual que de joven
aprender a bailar, plegarse a un mismo ritmo
más insistente que nuestra experiencia.
Y procura también cierto instintivo
placer curioso,
una segunda naturaleza.

( Antes de ser maduro)
Jaime Gil de Biedma




7



Sorprendo la noche en un poema,
no hago preguntas, ni busco respuestas,
demasiado conozco ya mi rostro y no hace falta
intentar cobijar todos mis deseos.

Pero la noche subyuga mis temores
y cierro los ojos y escribo con pausas, lentamente,
reconociendo la intimidad como una costumbre
que siempre suele llegar bastante tarde.

Ahora es el momento, me digo,
para reanudar los temores fugitivos,
apropiarme del sentido de la noche,
dormitar leve entre nombres que silencio,
nombres que tienen formas y caras desfiguradas,
como un delirio cautivo de mis propias tentaciones.

Sorprendo la noche en un poema,
pero me faltan versos para sujetar mi agonía.













8



Bajo a la calle
un poco a contrapunto con la vida
y en el gesto una condición de historias definidas,
calladas palabras que agotan mi insistencia.

En mí, en ti, en nosotros,
la sensación de encuentros inmediatos,
el reconocer que todo es una farsa
en una ciudad que sujeta la llama que incendia
todos nuestros fracasos.
Es el deseo desnudo de lo que hoy es la penumbra
de razones que no aferran la animadversión
de la amistad.

Nada cambia en la calle el rumbo que cautivo.
Todo son distancias a la medida de mis distancias.

Testigo soy de mis propios instintos.
Beso la gélida humedad de la niebla
y luego me pierdo entre mí mismo.






















Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que he tenido.

Pedro Salinas
( La memoria de las manos)



9


Dejo la piel junto al regalo del tiempo
espuma con colores sin matices.

Del ayer que llega sin distancias imposibles,
aceras encharcadas del invierno,
la mirada como una dirección única.
Llevo un libro de Ángel González en el bolsillo
de un abrigo que se presta ahora que es febrero,
a veces es otro, alguien más extraño,
del que busco, entre sus palabras, noticias sobre mis interioridades
y al final nunca pregunto si he estado acertado.

El invierno tiene colores rosáceos entre grises,
como un incendio de amaneceres imprecisos.

Neutras abstracciones me dispersan del arte,
como promesas de gente después de un encuentro
en que la palabra es un vacío en los sentidos
y sólo queda un eco simbólico de anécdota.

Dejo la piel junto al regalo del tiempo.
Después camino con todas mis ausencias,
con palabras recortadas en silencios imperfectos.

















Huye de mí, memoria,
¿por qué me atormentas
en este instante feliz
en que reconcilio
conmigo mismo?

José luís Bartolomé García
( Memoria y olvido)



10


Me cobijo en una bar, humo y ceniza,
aroma de café y estigmas en el suelo,
acaso huellas de desesperanza.
Impertinente miro lo que nunca sucede,
como si fuese una moda pasajera.
Acaso olvidos transparentes.
Camareros que sirven a una clientela
que no participa de mis devaneos.

Los ventanales transmiten gente, coches,
las casas que se enfrentan a mis ojos,
como si quisieran entrar en mis salidas;
sonrío entre nostalgias y doy un trago
de una vida que, a veces, bebo entera,
mientras desisto de un mundo de plástico.

Pago la cuenta y cojo el equipaje de mis sueños,
o eso creo.
Quiero marchar, cruzar el tiempo,
apoyarme en una esquina y ver gente,
viajeros como yo sin compromisos.
















11



Me meto dentro de una canción cualquiera,
como queriendo sentir el afecto de su ritmo,
acepto el trato de una letra indiferente
pero me dejo llevar por mi propia decadencia

Abro y cierro los ojos creando luces,
engañando al brillo imperfecto de mis sombras,
bailo como costumbre de animal de calle,
entre la compañía de una casa donde oculto
ambiguas soledades y lenguajes extraños
y también entre todos mis fantasmas.

Siento que quiero gritar pero silencio
el monocorde intento que estanco en los sentidos.
Tal vez mañana, cuando envejezca,
puede que sea peor gritar que una mirada.






























12



Me pongo a esperar.
Como si el tiempo fuese una respuesta inmediata,
la mañana resplandece bajo un hálito de luna blanca,
llegan grises, impertinentes, con lluvia de amenaza.
Busco refugio entre las penumbras de la casa.

Hay roces de amores sigilosos,
con recelo cruzo la piel y su argumento,
nada difiere de tiempos ya pasados,
sólo la locura se haya en mis espacios.

Miro de frente la agónica insistencia,
pero luego tengo que saber entre silencios
descifrar el por qué de tantas soledades.

Todo acaba y comienza de continuo,
lo que perdiste y lo que no ganaste.
Da cierto tranquilidad el sabor del vencido,
una cierta calma arremetida de tristeza,
a pesar de que la sonrisa se me escapa.


























Has temblado sin remedio
lo que yacía en el negro catafalco
era tu querida patria.

Vitezslav Nezval
( De Catafalco campesino)



13



Son horas plegadas entre instantes inseguros.
Silencio y palabras y tiempo.

Me atrevo a interrogar mis sensaciones
en un clima ambiguo de respuestas,
parece que todo está en convalecencia,
entre las heridas de los versos,
Brillos grises que retoman los momentos
en que uno duda de sí mismo.

Los instintos carecen de equipajes.

Tal vez debiera no acudir a los sentidos
Desde la decrepitud de febrero entre la lluvia
Mientras, piel con piel, invento claridades
Como un antojo por ver algunas fantasías.

Y el poeta está solo e impreciso,
Como una fotografía sin paisajes.


















A Eva María Conde González



14



Buscaba la llave del mal,
como cuando alguien busca rostros conocidos
y luego rasgar la vida entre impaciencias.

El viento azota los cristales de la casa,
enciendo la luz como brasas definidas
que queman todas las miradas,
el agua del cuerpo se atormenta
y el silencio es como un supuesto sol
encima de todas mis cobardías.

De pronto me imagino navegando
por el mar de un cuerpo femenino,
inquieto y sin reposo en un oleaje
de versos desconchados en las paredes
que sobrevienen a los ojos como cantiles.

Preveo un desastre y el desasosiego
de tener que navegar a contracorriente
de un destino que recorre mis desesperanzas.






















15



Quizá necesite más de mil noches para conocerte,
mil noches para celebrar tu rostro,
mil desvelos de sueños entre ojos encontrados.

Puede que nunca llegue a saber tu nombre,
ni que tu piel se suspenda en los sentidos,
tal vez después... cuando abandone
el espacio reservado a los deseos.

Quizá necesite más de mil noches para olvidarte
y olvidarme entre mis inquietudes... inseguro.

Tal vez tenga que retrasar los relojes de la casa,
que las sombras ocupen sus verdaderos entornos.
tengo todo el tiempo... Tu tiempo...
para dividir instantes en que todo y nada se decide.






























16



Buenos días tristeza. Buenos días.
Creo que hoy estamos a domingo.
La mirada me confirma que hay nieve en los tejados,
creo que algo me he perdido en esta noche,
sumergido en lo profundo de los sueños,
buenos días, reitero en insistencias,
como creyendo que hoy no existo.
Las vacías calles encharcadas, emergentes
de un sol tibio que deshace el manto blanco
y los coches son absurdos monigotes
con los que nadie juega.
Buenos días tristeza. Buenos días.
Me encuentro entre ambiguas reflexiones,
creo que hoy estamos a domingo,
hay un cierto ámbito de reposo
aunque no me deja la paz en las palabras
que se precipitan como esencia blanca confirmando
que todo es un regreso de continuo.




























Desperté y ahora quiero
Encontrar la escalera
Para subir sin alas
Poco a poco a mi muerte.

Manuel Altolaguirre
( Para alcanzar la luz)



17



Casa entre penumbras... perdona que no vaya
a buscar las interrogantes de tus ojos,
quizá luego, más tarde, cuando se solivianten mis sentidos,
ahora estoy acuciado de temores,
oculto entre mis inseguridades,
con algunas impaciencias silenciosas,
intentando encontrar en mis ojos respuestas inmediatas,
observando la atmósfera gris y macilenta.

El viento azota los cristales,
como una inquietud de mis distancias.
Es algo reiterado... ayer estuve así.

Láminas de tiempos imprecisos,
miradas y silencios encontrados
mientras todo se deshace entre mis manos.























Sin sitio, sin lugar, con una espina
clavada en el tobillo izquierdo de mi alma,
sin sitio y sin lugar. Dónde buscar
lo alejado ya dicho en libros y evangelios.

Modesto Izquierdo Barrios
( De Rosario)






18




Despierto... como en un poema inacabado,
con palabras escritas, tal vez, en otros tiempos,
pero no son versos exactos,
son, como una especie de bruma en la mirada.
Ahora sé que es febrero de dos mil seis,
preparo los lienzos para esbozar prófugos sentidos,
algunos alardes imprecisos de una incierta psicología
mientras escucho, como fondo, noticias de la radio...
descanso entre mis sombras,
como una ley absurda me llegas de pronto
y te imagino con un rostro inconcreto,
el tiempo pasa y quiebra las imágenes,
yo, a veces, me busco en los espejos.
Te creo en otra ciudad, en otras falsedades,
con tu perfume limpio, demasiado escrupuloso quizá,
como una realidad que arde sin darnos cuenta
que todas las distancias son las mismas.












Te amé, no te amé. Tal vez aun te amo,
me tomo el destino como una catástrofe en la que nunca muero,
siempre retorno al mundo de los vivos.

El juicio de tu edad entre mi tiempo,
todo inventado en tantos siglos...
pero siempre hay poemas nuevos. No los míos.
Son modas que se visten de paisajes inmediatos,
los leí en tu piel.
Ahora, me apoyo en mis sombras
y sé que no deseo imaginarte como una fantasía pretenciosa.

Fuimos, simplemente, un quizá en un camino
diferente para ambos.
Pero siempre queda una brasa encendida...
el que más ama es el que siempre se queda solo.



































Aristas duras, sin piedad
el día nos invade, atrás quedó
la sombra grata y apacible.

Carlos Elío
( De Despertar)





19



Puede que sepas,
como sombras de un tiempo,
que he sido la extinción de los sentidos,
contumaces y profundos,
sombras de insistencias en mi yo indiferente,
donde estaba escabullido, al margen de tu vida,
incluso, creo, que también, al margen de la mía.

Y aunque pueda que sepas,
que yo permanecía en tus tiempos impacientes,
sin responder a ninguna expectativa,
estábamos atrapados en nuestra propia codicia.

Yo, confabulaba entre intermitentes cigarrillos
El cómo acercarme entre gastadas distancias,
igual era un proyecto de renuncia,
una elección ambigua, tal vez imprudente
o estaba desaprendiendo en mis sentidos
un poco entre la verdad, un poco entre la mentira.

Y así... descuidado entre lo incierto
de un algo inventado,
haciendo memoria y doblegando
cualquier intención de acercamiento,
te pensaba,









mientras me llevaba instantes a los labios,
insaciable sed,
abandonado a la lectura de las miradas,
cobijado entre mi cobardía,
dejándome marchar entre luces de sueños
donde quedaba inerte,
como quien espera que en algún momento
pueda existir la sorpresa de un amanecer en los instintos.










































Qué es el alma: leer
en un libro de viajes algo sobre una tierra
a la que nunca irás.

Yehuda Amijai
( Un idioma, un paisaje)



20



A veces la vida es como un informe
de sombras agrupadas entre historias personales,
pero no busco explicaciones de un mundo
que creo que no me pertenece.

Estoy, en una ciudad desesperada,
con luces ambiguas de un invierno inacabado,
como un fantasma paseo por sus calles,
todas son sinónimas de mis flaquezas.

Las ventanas de las casas vomitan ráfagas
de olores cotidianos en los mediodías,
todo se impregna en los espacios concebidos
para que los murmullos nunca lleguen
a ser voces que se alzan.
La vida no entiende de patrias.
Tal vez, la única patria que tenemos es el cuerpo.
A veces la vida es como un informe
en el que hay que pasar de puntillas, por sí acaso.




















21




Hace frío,
es un frío suave, sedoso,
como casi un despertar de primavera.
Me encuentro con aceras impertinentes,
vacío de miradas definidas,
en un paisaje donde todo da lo mismo.

Todo es un vaivén de historias personales,
bajo el desdén de una luz intransigente,
el brillo que acuna la locura incierta
que persigue a quien anda tras de ella.

Pero hace frío,
y es un frío suave, sedoso,
como un murmullo de tiempo sin sentido.




























22




Viajo, pero es todo impredecible.
qué camino tomaré dentro de poco,
cualquier carretera, otros paisajes,
algún sendero secundario,
multitud de encinas bajo el sol de invierno,
tejidas como un tumulto empalagoso.

Tengo que decidir entre mí y yo.
Solemne decisión.
El espejo retrovisor indica que no hay nada
detrás... ni tan siquiera un auge de esperanza.

Freno, paro, bajo... camino...
dejo que el viento frío golpee mi rostro,
el tiempo es impreciso... como yo...
entra y sale como latidos de un corazón de febrero.

Viajo... sí... pero todo es impredecible.





























23




Poemas envejecidos por el tiempo,
sangran en este preciso instante.
Canciones escuchadas en tardes suculentas,
cercanas a la piel transparente de la dicha.

Ahora, como ave pasajera, solitario,
me estremezco entre los brillos del olvido,
la mirada es un enemigo extraño
cuando se posa con recelo en los sentidos.

Poemas y yo entre hálitos de historias,
tratando de salvar todo lo que se paraliza.































Pero tú esperabas siempre a alguien,
dejabas siempre a alguien,
hasta que te encontraste a ti mismo, y ya no estás en ningún sitio.

Vladimír Holan
( De El niño)




24




Las voces que sueñas en mitad de los sueños,
como un eco que late entre mis inseguridades,
abro los ojos con un poco de cautela,
insomne me deslizo a través de mí mismo.

Enciendo la luz cegando la noche,
doy un trago de agua y observo, simplemente,
el obcecado silencio que impone la cordura.

Pero hay un dolor al otro lado de la cama,
una intimidad que desluce la ansiedad
entre respiraciones confusas.

No hay voces, pero existo en este instante
en que hay que tomar posiciones en los deseos.

Respiro...
Casi como un único acontecimiento.
Inútil reservar los instintos.
Me levanto,
Como una herida frágil entre miedos y mentiras.














Doy un leve paseo por la casa,
meciendo el sabor seco de los sentidos,
las estancias frías estremecen,
siento que soy náufrago de la noche.

Después, todo son intentos inconcretos,
marcadas distancias entre soledad y vida.

Me vuelvo a acostar.
El tiempo ha repartido sus cartas para el juego,
pero duermo desnudo, sin ases en las mangas.







































Detén el verso y cambia de planes,
hay dioses parapetados, por todas partes,
listos para matarte.

Pongamos fecha en esta vida,
a los momentos que puntualmente
y deliciosamente, nos consumen.

Teófilo Gago Gago
( De Días de caza. Días de muerte)






25



las sombras besan.
Lo sé perfectamente.
Asomo una marcada sonrisa mientras lo escribo,
como un adorno estúpido,
lujosos besos apagados.
Respiro de forma contrariada,
como buscando ritmo en mis espacios,
como midiendo las palabras,
entre recodos luminosos donde brotan
historias imposibles.

Las sombras besan,
como traiciones de instintos en preguntas sin respuestas.

















26



Contrariadas intenciones.
No busco el origen de la juventud,
la amistad es y fue un desencuentro esperado,
pero en qué pensábamos entonces
y qué es lo que pensamos ahora.

La juventud siempre es incierta,
como una muestra de herida,
lo noto cuando me topo con viejas amistades,
quizá un qué tal... que tiempos aquellos...
pero hay una culpa yerta en la mirada
cuando uno se despide como una estupidez soñada.

Contrariadas intenciones.
Si la juventud fue una herida,
hay motivos suficientes para soñar la muerte.






























... y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil.

Ángel González
( De Todos ustedes parecen felices)






27



Como arrebato de febrero,
veo crecer los brotes de hojas,
álamos de ciudad,
ramas quebrando el horizonte de invierno,
también crece el amor entre conversaciones,
tal vez por eso callo.

El silencio de la casa no estorba,
yo, sí.

Las noches húmedas y gélidas,
la luz del sol, un sol que no aguanto,
que me hace huir continuamente
a eternos cobijos de penumbras,
escondites de crudeza,
donde trago salivas y temores,
como si sólo existiese por el odio que me guarda.











Así... sin omitir mis ansiedades,
espero...
entre el frío de historias enajenadas
el brillo transparente de todos mis sentidos,
sin creer en nada, ni en mí mismo,
desfondando la vida entre inciertas fantasías.

La ciudad está afuera,
como una exégesis enfrentada a mis sombras,
como una absurda sentencia.
Calles y plazas diseminando otras sombras,
conjugando palabras entre paseos y miradas.

Y sin creer en nada... ni en mí mismo.

Seguirán creciendo brotes de hojas,
pero extraño y silencioso,
no busco la voluntad del tiempo en otros tiempos.
































Al escribir,
se hace grande
lo que contado resulta prosaico,
y el simple esfuerzo del papel en blanco
nos provoca
el bienestar de haber entregado
aquello que teníamos que dar.

( De Maena García Estrada)





28



Retorno,
volcado en mis desnudeces,
sin descansar ni un instante,
se dispersa el rumor de voces suspendidas,
abierta tarde espesa en la mirada,
se fuga el crepúsculo entre magias transparentes,
delimitadas formas sin paisajes concretos.
Retorno,
volcado en mis desnudeces,
mirando hacia atrás como un rito de despedida.

El cuerpo es como una fachada más
de una ciudad con brillos de penumbras.

Llego a sitio alguno,
todos los lugares son los mismos
cuando se está vacío y ambulante,
comparto la soledad sinónima de otros,
mendigos de la noche,
como yo, retornando al júbilo de mis sombras.












En silencio descienden los símbolos
de historias decadentes,
voces entre extrañas siluetas,
voces entre demasiado costumbrismo.

Y decadente en mis emociones,
me dejo llevar por el atardecer de febrero,
como un vendedor de inseguridades.
Sé que la gente me mira como buscando
su propia luz en mí... los matices de sus rabias
y por qué no, todos sus fantasmas,
mientras la noche se estampa en la rutina.






































29




He sostenido mi tiempo sin dioses,
ni diablos en mis nieblas de sentidos
en esta España inundada de irrealismo.

Como un estilista desapasionado,
como un bebedor de sueños absolutos.

Cualquier destino puede ser bueno,
pienso...
así me va... así nos va, querido amigo.



































Una flor
dice:
quiéreme
como a ti mismo;

yo
perfumo el aire

no me arranques
soy un regalo para todos.

José Manuel Cuaresma
( De Cuaderno de cantares de barrio y Antipoemas)







30



Hay momentos en que sé que los sentidos
chocan con estrépito con los sueños,
dejo los deseos al margen,
mientras la lluvia emerge entre los grises de febrero.

El invierno toma un rumbo indeseable,
un itinerario inútil de sombras que se suceden
entre los brillos macilentos de las luces
y los muros derruidos de mis ojos,
el invierno asoma sus virtudes
sobre una vida que se borra.















La noche interrumpe el pensamiento,
como un eco insistente, reiterado,
torbellinos de silencios enajenados,
instintos que se juntan desprovistos
de cualquier tipo de circunstancias

Igual esta noche es un náufrago de nostalgias.

Cuando amanece es España quien despierta,
la piel despereza un presente reiterado,
un ayer sin hoy...
un todavía sin un cuando...

Febrero es una herida en la mirada.

Hay momentos en que sé que todo está vacío,
entre frágiles intentos de cordura,
desde mis propias ansiedades.

Febrero desaparece en los ojos.

No puedo evitar lo que no sé,
Pero sí lo que nunca he sabido.

Soy de la ausencia el único cautivo,
Ahora que febrero roza todos mis desafíos.
























31



Silencio,
sobre los contornos de la casa.

Las paredes con humedades estancadas,
como hiedras suspendidas en un tiempo sin nombres,
ambiguas imperfecciones en las palabras
que sacan los lenguajes verdaderos,
tal vez, todo sea imaginado,
una poética absurda...
deshojándose.

Tal vez... acaso sea eso...
un cauce de voluntades arrepentidas,
rostros sin formas definidas
buscando el encuentro perseguido
entre historias prendidas en los olvidos.

Quizá no haya versos
ni poemas que contribuyan al desastre
de uno mismo.

1 comentario:

Sandrajtem dijo...

Preciosos textos, hermosa estructura poética. Todo un mundo lleno de vida y sentimientos.